Siguiendo mi tradición personal, me levanté pronto para ir a los baños termales tal
cual abrieran.
Y a las 6 de la mañana estaba, yo sola, enfilando el camino hasta la zona
superior, donde me esperaba un paisaje rodeado de niebla y una fina lluvia
golpeando los tejados de madera y paja.
Sigo sin entender el como pude estar, hasta casi las 7 de la mañana,
disfrutando en soledad de un baño caliente. Todo un lujo.






