Tocaba regresar a la isla principal y lo haríamos visitando una prefectura en
la cual, a pesar de ser conocida, aún no habíamos parado.
Me hacía ilusión ir a esa zona, porque en esos días visitaríamos un castillo
especial.
Y no, no era precisamente el que se alza en la capital y que comparte nombre
con la prefectura: Okayama.
Sin embargo, el primer día tocaba ir a éste.
Tras enviar las maletas rumbo a Tokyo, pillamos el desayuno y nos
subimos prontito al tren, dirección a Okayama.
Al ser domingo el tren iba muy lleno y agradecimos haber reservado previamente los asientos.
¡Por cierto! En la estación pudimos ver, solo por fuera, uno de los trenes
paisajísticos que tienen en Shikoku.
Para llegar a la isla principal, cruzamos el gran puente de Seto por la zona
inferior, que es donde van los trenes. Impresiona un poco.
En una horita estábamos ya en Okayama. Y entre que
el hotel
estaba en la propia estación y que habíamos madrugado, teníamos todo el día
por delante.
Eso sí, empezaba a notarse que habíamos regresado a la ruta turística y a una
ciudad grandecita. El volumen de gente y turistas nos golpeó de pleno tras
dos semanas de tranquilidad en Shikoku.
Lo primero que hicimos fue pasarnos por la Oficina de Turismo, en la propia
estación.
Quería preguntar si tenían mapas de Bitchu-Takahashi, una pequeña población
que visitaríamos al día siguiente.Y, entonces, la chica nos preguntó como íbamos a
acceder al castillo de dicha población (puesto que no hay buses y no teníamos
coche).
Al responderle que tenía pensado tomar un taxi en la estación de tren al
llegar, nos comentó que había un servicio de taxi compartido por 1.000 ¥ y que
nos lo podía reservar ella por teléfono.
Como la hora máxima de reserva era las 17 h del día anterior (es decir, esa
misma tarde), confirmamos que el horario del taxi nos cuadraba con el del
tren y le pedimos que nos tramitara la reserva.
La bajada del castillo preferimos no reservarla porque, si hacía buen tiempo,
teníamos pensado hacerla a pie. Y, además, no sabíamos el tiempo que nos
llevaría la visita.
Siempre digo que es muy útil pasar por las Oficinas de Turismo a pedir información y, en
especial esta vez, nos fue de maravilla. Ya teníamos resuelto el taxi. ^_^
Con el tramite hecho, nos fuimos a buscar el tranvía para ir al Castillo de
Okayama.
Nos tocó uno muy retro, con acabados de madera y algunos adornos navideños.
Después nos fijamos y no vimos ninguno igual, cada cual con una temática e
incluso algunos con musiquita propia.
El castillo de Okayama es muy vistoso por su color negro y, además, no hace
mucho que lo han renovado, con lo cual el exterior luce espectacular.
Ahora bien, aviso que en este post se vienen opiniones quizás
impopulares...
Este castillo es una reconstrucción de los años 60 con materiales y técnicas modernas puesto que el
original fue destruido en la II GM, como muchos otros castillos de los que
ya hemos visitado.
Sin embargo, es de los que menos me ha gustado.
El castillo se construyó a orillas del río Arashi, que le servía de foso. Y,
como comentaba, por fuera luce muy bien.
Al llegar, se nos acercó un hombre mayor, presentándose como guía voluntario.
Nos preguntó si teníamos un poco de tiempo y no dudamos en decirle que sí.
Ellos lo usan para practicar inglés y, de paso, mostrar curiosidades del lugar
a los visitantes y nosotros encantados de poder aprenderlas. Además, suelen
ser muy amables.
Nos llevó a través de los muros, mostrando las diferentes construcciones del recinto desde la
base, hasta la puerta principal...
Después, nos acercó a la única construcción que se conserva de origen: la
torre "Tsukimi Yagura".
Y nos hizo muchas fotos en el patio principal donde, por cierto, él mismo se
lamentó de que la reconstrucción no se hiciera imitando el original en su
interior (como sí se ha hecho en otros lugares). Y comentó que la reforma
reciente tampoco le gustaba.
En ese momento aún no entendí la magnitud de lo que se referia.
Nos despedimos de él, siempre con la gran sonrisa que nos dejan estos
intercambios, y entramos a pagar la entrada combinada con el jardín Korakuen
(720 ¥) y, como no, el Gojoin (que al menos era bonito) (500 ¥).
Y ahora viene la decepción por nuestra parte: Por dentro lo han transformado en
un museo normal, en el cual pierdes la sensación de estar dentro de un
castillo.
Me explico. Los que hayan visitado otras reconstrucciones sabrán que, aunque
sean de hormigón, vas subiendo piso a piso por la escaleras centrales,
visitando la exposición de cada planta.
¿Son un museo? Sí, pero siguen transmitiendo la idea de estar dentro de una
torre de castillo.
El de Okayama no. Me sacó totalmente de la experiencia. Me pareció estar en
un museo cualquiera (uno moderno y bonito, eso sí), deambulando por pasillos amplios, sin tener ninguna referencia de donde estábamos. Hasta hay una cafetería, con mesas para sentarse a tomar algo en una de sus plantas.
No hicimos apenas fotos la verdad, nos quedamos demasiado fuera de lugar.
Y el problema fue que, al salir, mi cerebro había desconectado tanto que al
mirarlo (y aún me pasa ahora al ver las fotos) ya solo lo veía como un armazón para un museo normal.
Siento transmitirlo así, la verdad, pero es como lo viví. Tras ver tantísimos
castillos (originales, reconstrucciones tradicionales, otras de hormigón, etc.), el de Okayama me decepcionó. Y entendimos el comentario que nos
había hecho el guía voluntario. Como dice Jordi, el de Okayama no es un castillo, es un edificio moderno con forma de castillo.
Después, cruzamos el río para visitar el famoso jardín Korakuen,
considerado uno de los tres mejores jardines paisajísticos de Japón. Construido durante la época Edo por el señor feudal como lugar de
entretenimiento para la familia y los invitados importantes.
Y aunque sufrió daños en la II GM, se restauró a su forma original.
Pues bien, vaya por delante que no somos expertos en jardinería pero en nuestra
personal y humilde opinión no es, ni de lejos, de los jardines más bonitos
que hayamos visitado.
Y repito que es una opinión muy personal, como todo en este blog. jeje.
Pero, tras comentarlo con otros viajeros asiduos, resulta que no somos los
únicos que nos llevamos esa sensación, y más tras haber visitado el
Ritsurin Koen en Takamatsu.
Y no es porque estuviera de color marrón, puesto que somos conscientes de en
que época viajamos y que en primavera todo eso es verde, sino por su distribución. La esplanada central tan amplia no me acaba de transmitir esa paz de estar en medio de la
naturaleza.
Sí me gustaron pequeños rincones de las zonas laterales en los que, además,
aún quedaba algo de momiji.
Pero lo dicho, ¿en general? No está en nuestros favoritos.
Acabé con la sensación de que visitamos demasiado tarde Okayama. Tal como nos
pasó con Hakone, hemos estado en tantos otros lugares tan bonitos (y menos
transitados), que igual no lo juzgamos de la misma manera que lo habríamos hecho en
nuestros primeros viajes.
Saliendo del jardin y como era ya hora de comer, decidimos acercarnos a un local de ramen de la cadena Ippudo, que todavía no habíamos probado.
Jordi se pidió el de miso picante y yo el original (2.710 ¥). Ambos estaban buenos
y, en especial, el chasu nos gustó mucho.
Como habíamos empezado pronto las visitas y nos entretuvimos menos de lo
esperado, regresamos paseando hacia la estación decidiendo que hacer con la
tarde. ¿Tiendas o plan B?
Como había tiempo optamos por el plan B (que no sabía si podría encajarlo en
alguno de los dos días), y tomamos un tren rumbo a Kurashiki.
A menos de 20 minutos en tren de Okayama se encuentra esta ciudad con una
pintoresca e histórica zona de canales de la época Edo.
Aunque también resulta muy turística, la verdad es que disfrutamos paseando
por ella y no nos dio sensación de agobio (al menos por la tarde).
Para llegar a la zona histórica desde la estación, caminamos unos 10 minutos, parte de ellos a
través de una shotengai (calle comercial cubierta).
Durante el período Edo, esta zona fue un importante centro de la ruta comercial del
arroz.
Grandes cantidades de arroz se transportaban a Kurashiki y se almacenaban allí
en depósitos, antes de ser enviadas a Osaka y Edo. Debido a la importancia de
la ciudad para este comercio, ésta quedó bajo el control directo del shogunato y
recibió su nombre por sus numerosos almacenes (kura).
Se construyeron canales para permitir la navegación de barcos y barcazas entre
los almacenes de la ciudad y el puerto cercano. Y un tramo central del antiguo
sistema de canales se conserva en el barrio histórico de Bikan.
Los sauces llorones que bordean el canal y los puentes de piedra que lo cruzan
conforman una escena pintoresca.
Paralelas al canal, también se conservan algunas calles comerciales. Los locales hoy en día son cafeterías, restaurantes, tiendas de ropa tejana (muy
popular en esta localidad...).
Cerca del canal se encuentra el Ivy Square (Plaza de hiedra). Un complejo de
edificios de ladrillo rojo cubiertos de hiedra que, durante el periodo Edo,
albergaron las oficinas del magistrado y donde, en 1889, construyeron el primer
molino de algodón de Japón, el Kurashiki Bosekijo.
Hoy en día alberga un museo, un restaurante y un hotel.
El edificio no lucía su aspecto verdoso, por las hiedras, pero fue muy chulo
de visitar.
Y fuera había un Lawson con estética antigua, respetando el ambiente de la
zona.
En este lugar, Jordi se tomó un helado de caramelo (500 ¥) y yo me compré una
sopa zenzai calentita, en una confitería de la zona comercial (400 ¥). ¡¡Súper
rica!! (ver ubicación)
La verdad es que disfrutamos mucho paseando, tranquilamente, al
atardecer. Kurashiki nos dejó muy buen sabor de boca.
De regreso a la estación, nos pasamos a comprar los billetes de tren para el
día siguiente (puesto que el pase solo nos cubría una zona) y, de paso, por
el Bic Camera a por unas compras.
Allí coincidimos con un evento de campaña navideña, y por las compras
realizadas, participamos en una ruleta donde nos tocaron unas cajitas llenas
de dulces. ^_^
Tras un día tan completo, solo faltaba cenar. Escogimos un Kaiten Sushi en la estación, de los que un trenecito te trae los platillos.
Me lo había recomendado un compi viajero y nos gustó mucho el lugar. Cenamos
bien. 4.081 ¥ los dos. (ver ubicación)
Tocaba retirada a descansar, pero con mucha ilusión puesta en la excursión del
día siguiente.


































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