Amanecía un nuevo día junto a nuestras amigas y teníamos unos planes llenos
de historia.
Por un lado, uno de los doce castillos que se conservan de origen. Y, por
otro, uno de los jardines más top que hemos visitado hasta el momento y que
nada tiene que envidiar a los famosos "tres jardines más bonitos de Japón".
Empezamos el día temprano, empaquetando todo en el coche y tomando rumbo al
castillo de Marugame, Como ya hemos comentado, éste es uno de los doce que conserva su
torre original, de la época Edo.
Cabe decir que, además conserva otras partes (como muros, puertas...) de la misma
época. Sin duda, una auténtica joya.
Aparte de eso, han iniciado un proyecto para reconstruir dos torres secundarias y el
palacio del señor feudal, que estaba situado dentro del recinto
amurallado.
Aunque la torre es la más pequeña, de los castillos conservados de
origen, lo que impacta al visitante es la envergadura de los muros que lo
rodean y protegen. Una auténtica brutalidad de ingeniería.
En la parte inferior se encuentra la tienda del castillo, donde me escabullí mientras ellas grababan unas tomas para su canal de Youtube, para comprar un
par de Gojoincho, las libretas donde se guardan los sellos de los castillos.
(2.800 ¥)
¿Y por qué quería comprar ésta? (¿Y más cuando aún tenía espacio en la actual?)
Pues, porque es una de las dos libretas que están hechas con papel washi y
pintadas con sumi-e (la técnica de tinta china).
La otra es justo la que ya tenía, del castillo de Nagoya.
Y me hacía muchísima ilusión tener ésta también y regarles una a Hira y Laura,
puesto que también coleccionan los sellos. ^_^
En esta zona se trabaja mucho de forma artesanal el bambú y el papel washi, y
justo había una mujer haciendo abanicos tradicionales dentro de la
tienda.
Se lo comenté a las sensei y ellas le preguntaron si podrían grabarla mientras
trabajaba. La mujer fue muy amable y pudimos admirar un ratito esa
artesanía.
En su Youtube
podéis ver las imágenes que tomaron, así como algo de historia del castillo y
una leyenda que lo rodea (no os podéis perder la caras de Jordi, mientras se
la explican. jaja).
De ahí, subimos por la cuesta hacia la torre principal.
Y, antes de llegar, nos interceptó un voluntario del castillo, un señor mayor
muy amable y entrañable que nos preguntó de donde éramos y se ofreció a
mostrarnos la parte trasera del castillo, donde no solían ir los
visitantes.
Le seguimos encantadas y nos recompensó con unas vistas a la ciudad y al mar
de Seto muy chulas.
Además de una perspectiva preciosa de la torre.
Aquí, nos hizo dejar mochilas y bolsas en el suelo (asegurándonos de que el
fuerte viento que corría no se las llevaba) para hacernos una sesión de fotos. ^_^
Fue suuuper amigable.
Y la guinda fue cuando nos dijo que subiéramos a la zona de la torre a
través de las antiguas escaleras traseras. ¿En serio podíamos? Nuestra cara
fue de alucinar y, muy contentos, subimos por ellas mientras nos despedíamos
de él.
El recinto del castillo es gratuito pero nosotros pagamos por entrar a la torre,
de tres pisos, y subir a admirar las vistas desde ella (400 ¥). Además de, por
supuesto, comprar nuestro gojoin. (300 ¥).
Al finalizar la visita, nos llevaron a comer a un restaurante muy popular de
la zona:
Mendoroko Wataya. Según a que horas puede haber cola, pero nosotros llegamos sobre las 13h y
pudimos entrar bien. Eso sí, ¡ojo! porque cierran pronto.
¿Y qué se come? Pues, al igual que el lugar del día anterior: ¡Udon! ^_^ Plato
estrella de la región.
Funciona igual que el restaurante del dia anterior, a lo comedor: Coges bandeja, pides
platos principales y vas cogiendo los complementos.
Nosotros repetimos el Niku Bukkake Udon (niku es carne) y una tempura de
langostinos. Todo muy bueno y por tan solo 1.640 ¥ los dos. ¡Ojo que el tamaño
grande de plato... es grande! A mí con el pequeño me habría bastado...
Cabe decir que, aunque íbamos en coche, tanto el castillo como el restaurante
están cerca de la estación y por tanto son accesibles para quien va en
transporte público (nosotros lo habíamos mirado por si no podíamos coincidir
con ellas). Así mismo, la siguiente visita también es accessible en transporte público.
Tras el disfrute gastronómico tocaba ir hasta Takamatsu, ciudad que sería
nuestra siguiente base de operaciones, y dirigirnos directamente a la
siguiente visita, puesto que teníamos una reserva especial.
El lugar era el Ritsurin Koen, un jardín tradicional enorme y realmente
precioso, de cuya envergadura y belleza no teníamos ni idea.
La entrada cuesta 500 ¥ pero, como comenté, nosotros teníamos una reserva que
se paga aparte. Y es que a Laura le hacía mucha ilusión hacer el tour por el
lago en una barca tradicional (850 ¥).
Es una actividad que nosotros no habíamos ni considerado, pero la verdad es
que nos gustó mucho.
Como dependíamos mucho de la hora, Hira hizo la reserva días antes para
podernos asegurar la actividad. El tema es que la
web de reservas
está solo en japonés.
Nuestro consejo, si se quiere intentar hacer el tour de media hora en barca,
es ir pronto (el jardín abre super pronto) para ver que horas están libres y
probar suerte.
Tras pasarnos por la caseta para confirmar nuestra visita y pagar, nos dijeron
que podíamos dar una vuelta hasta nuestra hora, y lo aprovechamos porque
después del tour no tendríamos mucho tiempo antes de que el jardín
cerrara.
Ritsurin Koen se fue construyendo a lo largo de los años, más de cien llevó el
acabarlo, y fue utilizado por el clan Matsudaira (una rama de la familia del
shogun), a lo largo del periodo Edo como refugio privado para descansar y
recibir comitivas de señores feudales y enviados de otros países, puesto que
navegaban por delante de esta localidad rumbo a la capital.
Además de los numerosos estanques y colinas, el jardín cuenta con casa
de té, sala de descanso, cafetería, tiendas y hasta un museo folklórico.
Mientras paseábamos, comentamos que uno de los motivos por el que nos parecía
muy especial es que tiene como telón de fondo el bosque del monte en cuya
base se erigió.
Y nos saba la sensación que formaba parte del jardín, de no saber donde
finalizaba...
Llegó la hora de embarcar y nos sorprendió todo el protocolo.
Nos pasaron a una tienda para ponernos unos salvavidas y un sombrero
tradicional, cuya finalidad resultó ser muy curiosa... ¡No, no era solo un
adorno!
También nos dieron a leer las normas. ¡En español! Al igual que también estaba
en español la mini guía que nos dieron para que fuéramos leyendo lo que nos
encontraríamos en la ruta. Nos sorprendió muy gratamente.
En el vídeo que hicieron Laura y Hira podéis ver el detalle del sombrero así como nuestro barquero y su curiosa
forma de pasar por debajo del puente (ya que él iba de pie en la barca).
Fue súper simpático y nos iba diciendo, en inglés, que número de la guía
consultar en cada momento. Y después ampliaba la información en japonés.
Él fue quien nos contó que, como los señores feudales y emisarios pasaban por
el castillo de Takamatsu, que está al borde del mar de Seto, los recibían y
paseaban por los jardines.
El paseo fue súper agradable y nos gustó ver el jardín desde el agua.
Nos cruzamos con unos novios haciéndose una sesión de fotos que nos saludaron amablemente.
Y aunque hay muchos detalles que observar, nos destacó un enorme pino enviado
como regalo por el shogun en 1833 pero que, originalmente, ¡era un
bonsai!
Se hizo grande el pequeñín. jeje. Todo un símbolo del jardín.
Aunque esta visita ya estaba en nuestro plan inicial, no esperaba que
pasara a ser de nuestro jardines favoritos, sino el favorito. Y ya os digo que muy por delante de alguno de los de la lista de "los 3 más bonitos".
Para nosotros, un imprescindible dentro de Takamatsu.
Al finalizar la visita, nos fuimos a hacer el check in a nuestro hotel, y Laura y Hira a su alojamiento a trabajar un poco antes de
la cena.
En cuanto a nosotros, aprovechamos que el hotel estaba en plena shotengai
(calle comercial techada), para dar una vuelta y pasarnos por las tiendas
frikis de rigor.
Entre ellas, la Pokemon Store de Kagawa, cuyo pokemon especial es el Slowpoke.
Pero también había una tienda de gachas, un animate para ver figuritas... y,
por la fechas, habían montado un pequeño mercadillo navideño de inspiración
alemana.
A la hora de la cena nos vinieron a buscar Laura y Hira y nos llevaron a
cenar a una izakaya (taberna japonesa) donde nos pedimos varios platitos y unos chuhai
para brindar. ^_^
Y tras el ratito relajado entre tapeo, nos fuimos a descansar. Nos esperaban
dos días llenos de historia y visitas en esta ciudad. Y alguna que otra
sorpresa para la que no estaba preparada. jeje.
































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