Este día lo dedicamos a Uwajima, una población costera de Ehime que conserva
uno de los 12 castillos de origen y cuya economía gira en torno al mar.
Sede de una de las ramas del famoso clan Date de Sendai, prosperó tras las
guerras gracias al consejero del lord feudal.
Esta jornada nos la tomamos con más calma. Solo teníamos esta excursión y, aunque se tardaba más en llegar que las del día anterior (1:30h), no hacía falta
pegarse el gran madrugón.
Había un tren exprés cada hora y decidimos ir en el de las 9h.
Por cierto, cuando nos pilla un traslado temprano este suele ser nuestro
desayuno en el tren: Para mi, tamago sando (aunque a veces lo cambio por onigiri de atún) con té verde, y para Jordi su batido o café y los meron pan o bollitos de
crema.
Al llegar a la estación me chocó no ver la Oficina de Turismo, y es que la han
trasladado a la base del castillo.
Antes de dirigirnos hacia allí, nos acercamos a un par de santuarios que
están en la parte norte de la estación.
El primero de ellos, el santuario Warei.
Ubicado en un parque lleno de árboles de momiji e ichō (normalmente los
extranjeros lo llamamos ginkgo) que lucían unos colores increíbles.
Este santuario está dedicado a Yamaga Seibei Kimiyori, un importante vasallo
de Date Hidemune, el lord de Uwajima.
Tras las guerras de unificación, Tokugawa entregó este dominio al clan Date. Y
el famoso Date Masamune, señor de Sendai, decidió entregárselo a su hijo
mayor, Hidemune.
Éste era el mayor, pero hijo de una concubina y el dominio de Sendai iría a
parar a su medio hermano. Así pues, su padre le recompensó con esta
zona.
¿Problema? Tras la guerra, Uwajima se encontraba en una situación crítica,
devastada por la guerra y una mala gestión.
Aquí es donde entra Seibei. Masamune, preocupado por la juventud de su
hijo, cedió su principal vasallo a Hidemune para que lo acompañara y
ayudara.
Y tal fue su dedicación, para su señor y el dominio, que lograron remontar la
economía del lugar notablemente y aligerar de impuestos al pueblo, haciendo de
él una figura muy querida.
Por desgracia, quien es querido, también despierta envidias y fue asesinado
en 1616. Tras lo cual erigieron este santuario, para apaciguar su
espíritu.
En él se alza un ichō de más de 450 años, cuyos colores estaban deslumbrantes
ese día. Además, el jardinero había dispuesto las hojas caídas en forma de
corazón.
Por lo visto siempre intenta hacer formas con ellas. Es una maravilla.
Además de la historia y los colores del lugar, nos llamó la atención un
detalle que, de hecho, nos dejó locos. jeje.
En este santuario, poco transitado y fuera de las masificaciones turísticas,
nos encontramos una pantalla digital con vídeos explicativos de: las normas
básicas y protocolos en los santuarios, mapa del recinto, explicación de los
amuletos que vendían, historia, etc... ¡y todo disponible en inglés!
Contentos por haber hecho este desvío, nos acercamos al otro pequeño santuario
de la zona: el santuario Taga.
Dedicado a la longevidad y la fertilidad, ha ganado fama entre los visitantes
por los "falos" de madera y piedra que se exponen en el lugar.
Algo más normalizado en los santuarios en el pasado pero, tras la llegada
de los occidentales puritanos en la época Meiji, estos símbolos se vieron
retirados.
A nosotros lo que nos llamó la atención fue que había un museo de la
pornografía, tanto japonesa como occidental, a lo largo de la historia. No se
permite la entrada a menores de 20 años y la verdad, nos llamaba cero la
atención, así que no entramos.
Para nosotros, más que el Taga, el santuario que mereció la pena fue, sin duda, el Warei.
Ahora sí, tocaba poner rumbo al castillo, que estaba a 15 minutos a pie.
¿Había bus? Sí. ¿Que tardábamos lo mismo esperándolo que a pie? También.
Y ya nos vais conociendo, a pie que nos fuimos, para pasear un poco por la
ciudad.
Es la típica población con avenidas amplias, edificios no muy altos y
callecitas alternas pequeñas. El paseo fue muy tranquilo y agradable. Y nos
llamó la atención la amabilidad de las personas con las que nos cruzamos, puesto que nos iban saludando con una sonrisa. Sobre todo al pasar por un instituto y cruzarnos con varios estudiantes. Y no es un pueblo pequeño...
Cabe decir que no vimos ni un solo occidental más e igual les llamamos la
atención.
En la base del castillo entré a pedir información en la Oficina de Turismo. Y
allí me encontré con una dependienta muy amable, acompañada de un señor mayor
(que tenía pinta de estar pasando el rato) el cual se interesó por nuestra
visita y nos agradeció el que fuéramos a Uwajima.
La chica me dio un mapa, del acceso a la colina del castillo con sus
diferentes caminos, me recomendó ir a los jardines después y me informó de que
la mayoría de restaurantes de los alrededores cerraban los lunes, incluido
uno que me había recomendado un compi viajero. Y sí, era lunes...
Al preguntarle por recomendaciones me dijo que, si no nos importaba caminar,
nos recomendaba acercarnos al puerto. Allí había un lugar que no cerraba
hasta las 18h y en el que comeríamos MUY buen pescado.
Lo anoté bien, les agradecí la información y recibimiento y me fui a informar
a Jordi que comeríamos tarde, porque el jardín pillaba al lado del castillo y
el restaurante estaba más alejado.
Con el mapita del recinto en la mano, nos adentramos en el parque de la
colina que alberga el castillo.
Se puede acceder por un camino inclinado, que va dando un rodeo por la colina, o acortar
un tramo por unas bonitas escaleras empedradas. Nosotros hicimos la primera
parte de la rampa, para así pasar por el parque donde están los baños, y un
último tramo de escaleras, que es justo la ruta que nos recomendaron.
De camino, se pueden ver los restos de algunos de los antiguos muros del
castillo. Estos restos, junto con un par de puertas y la torre principal, es
lo que se conserva de la fortaleza.
En la cima se alza la pequeña torre, con vistas a la bahía. Y es que antaño la colina quedaba justo al lado del mar.
Aunque la torre es pequeña, nos gustó el aire a tiempos pasados que emanaba. El
clan Date gobernó desde aquí durante todo el periodo Edo.
Además, la entraba es muy barata, tan solo 200 ¥. Aparte de 300 ¥ más del gojoin (sello
del castillo, para mi colección).
Dentro hay algunas pequeñas exposiciones, aunque todos los carteles estaban solo en japonés. Y es que, de los pocos visitantes que nos cruzamos (recordemos
que era lunes) ninguno era extranjero.
Y nos llevamos un gracioso recuerdo de un señor japonés muy bien
vestido, al más puro estilo lord inglés que, tras preguntar de donde éramos,
sacó una libreta, rebuscó en sus páginas y ¡empezó a lanzarnos saludos en
español!
Resulta que tenía anotado, en varios idiomas, diferentes expresiones de
cortesía.
Fue una situación muy divertida que se nos quedará marcada. Su despedida,
nuevamente agradeciendo nuestra visita a Uwajima, nos reforzó la idea de que
esa excursión estaba mereciendo la pena.
Al finalizar la visita, descendimos por el lado norte del parque (el contrario
por el que accedimos) para ir al jardín japonés Tenshaen.
La entrada costaba 500 ¥ y nos dieron un panfleto con las explicaciones en
inglés, tanto de su historia como de lo más destacado del jardín según la
época del año en que se visite.
La verdad, resultó ser más grande y más bonito de lo esperado. Toda una grata
sorpresa.
Fue construido en 1866, como lugar de recreo por el señor feudal del clan Date.
Y, aparte de la variedad de árboles, bambú, piedras, lámparas... destaca la
presencia de la sala de caligrafía, asomando al estanque.
Aquí estuvimos solos, con permiso del señor jardinero. Nos siguen fascinando
estas pequeñas joyas, fuera de las masificaciones.
Cerca de allí está el Museo Date, dedicado a la historia del clan. Pero ya se
nos hacía tarde y había hambre. Así que decidimos no entrar esta vez y tomamos rumbo a la zona del puerto, en busca del lugar recomendado para
comer.
Resultó ser un comedor dentro del mercado de productos locales (ver ubicación).
En la entrada tienen un panel con los diferentes platos que se pueden pedir, cada uno con su número correspondiente. Está todo en japonés pero hay fotos de los platos.
Queríamos probar el tai (besugo) porque es típico de la zona. De hecho, se
suele comer con arroz y lo llaman tai meshi.
Pero como yo no soy mucho de pescado crudo (aunque me doy cuenta que allí cada
vez me gusta más), opté por un menú con un poco de sashimi y otros
complementos que no eran pescado.
En cambio, Jordi se lanzó a la piscina. Vió que un par de los bols de pescado
estaban marcados con un nº1 (según habían sido ganadores de alguna votación o concurso) y fue
a por uno de ellos.
Se trataba de un bol arroz con sashimi de diferentes pescados (entre ellos tai), marinados y con yema de huevo.
Solo diré que me arrepentí de mi elección. jeje ¡Ojo! Que mi plato estaba bueno, eh, pero es que ese bol estaba divino.
¿Recordáis el katsuo no tataki de Kochi con el que aún sueña Jordi? Pues
bien, este es el otro plato del viaje con el que también sigue soñando. jeje.
El pescado estaba muy fresco y delicioso. Y todo nos costó 1.960 ¥. Baratísimo.
Por cierto, por si alguien va: En la máquina de fuera se marca el número del
plato y se paga.
Recogemos el ticket con un número de pedido y pasamos al comedor (a esas horas
estaba casi vacío, era tarde para ellos). Te sientas, coges agua o té gratis
en la zona de mesas central y esperas.
Dentro hay mostradores de 4 restaurantes, pero en el ticket te marca en cual de ellos has
hecho el pedido. Además tienen una pantalla en donde te avisan cuando ya lo
tienen listo.
Puede parecer un poco lío al llegar, pero de verdad que es sencillo y merece
mucho la pena.
Muy contentos con la recomendación que nos dio la chica de la oficina de
turismo y por toda la visita en sí, regresamos con calma hasta la estación.
En ella, mientras esperábamos al tren, vimos las mangueras de repostaje de los
trenes. Recordemos que, en gran parte de la isla, funcionan a gasoil.
De vuelta a Matsuyama, dedicamos las últimas horas de la tarde a poner una
lavadora e ir, mientras estaba en marcha, a comprar al Surugaya que había en las galerías de
enfrente del hotel.
Es una cadena de tiendas de segunda mano donde suele haber muchas figuras (entre ellas, de Evangelion) y a muy buen precio. De hecho, encontré una del Eva 00 y
Jordi me la compró para mi cumple. El tema fue cargarla en una bolsa, porque
era grande y aún no habíamos hecho espacio en las maletas. jajaja.
Después, enviamos la maleta grande al hotel de Takamatsu y nos fuimos a cenar
al mismo restaurante de tonkatsu al que fuimos
el día de mi cumpleaños
y que tanto nos gustó. (3.560 ¥)
¡Y a dormir! Al día siguiente partiríamos de Matsuyama rumbo a Marugame para
un encuentro especial en el que, además, haríamos espacio, por fin, en las maletas. jeje. ^_^






























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