Éste era el día de mi cumpleaños y, por supuesto, había hecho planes
muy guays para realizar con calma y divertirnos.
Nuevamente, historia y gastronomía nos acompañarían, junto con un buen rato
en una tienda muy especial. ^_^
Nos levantamos tranquilamente y fuimos a por el desayuno a un lugar especial. Pero
de camino nos cruzamos con un máquina que contenía la bebida favorita de
Jordi, una especie de batido de fresa, y que en este viaje aún no había
logrado encontrar.
Él feliz y yo también. jeje. De hecho la máquina estaba cerca del hotel y
pasaríamos a por más al día siguiente.
Como comentaba, para mi cumple decidí buscar algo especial: un pastelito dulce típico de la región de Ehime, llamado Ichiroku Tart.
Se trata de un bizcocho suave, enrollado en pasta de anko y con sabor a yuzu.
Aunque ahora los hacen de mucho sabores, tenía claro que quería probar el del
famoso cítrico que tanto me gusta.
Gracias a la oficina de turismo, supe de una confitería tradicional fundada a
principios de la época Meiji, que tiene varias tiendas, tanto en la ciudad de
Matsuyama como en otras de Ehime, y fui a mirar sus localizaciones.
Aunque tiene varias en los lugares turísticos (Dogo Onsen, la shotengai de
enfrente del hotel...) me fijé que la tienda principal era un edificio muy
bonito, con mesitas donde parar a comer el dulce y que no estaba muy lejos
(tan solo 10 minutos a pie). Se trata de la
Ichirokuhonpo Katsuyama Hoten.
Me pedí la cajita temática con las mascotas de la ciudad (Mikyan y
Dark-Mikyan, que son unos gatos mandarina y me encantan jajajaja) en el Dogo Onsen (tenían también la del castillo). Dentro vienen 3 pastelitos sabor yuzu
y dos de matcha.
Pero como he comentado, tienen muchos más sabores y Jordi quiso probar uno de mikan (mandarina), ya que le encanta y además es el cítrico de la región
(véase las mascotas jeje).
Pedimos los pastelitos en el mostrador y nos acompañaron a las mesitas donde
nos dijeron que podíamos esperar a que nos trajeran un té de cortesía, para
acompañar los dulces.
Una vez más, me veía sorprendida por la amabilidad de este tipo de tiendas y
su ofrecimiento de té gratis. ¿Me acostumbraré alguna vez? Espero que no. jeje
^_^
Por cierto, nuestros gustos seguían igual: Jordi prefería el de mikan y yo el
de yuzu. jeje. Y los pastelitos, con cajita incluida, costaron 1.226 ¥.
Pues, tras disfrutar de mi desayuno de cumpleaños (donde Jordi me puso una
vela para soplar que había traído desde casa) nos fuimos con mi botín
guardado en la bolsa más kawaii que podía tener. ^_^
La siguiente parada era el castillo de Matsuyama, el acceso al cual estaba a un
corto paseo de la tienda.
El castillo se encuentra en la cima del monte Katsuyama y se puede acceder a
pie, en telesilla individual o teleférico.
No queriendo cansarme en exceso nada más empezar el día, optamos por el
teleférico (ya era suficiente para mi vértigo como para colgarme en una silla
yo sola...) y pagamos solo el viaje de ida, que son 270 ¥ por persona ya que haríamos la bajada a pie.
La subida te deja en la cima, donde se encuentra el círculo defensivo central
del castillo (Honmaru), que consta de varias puertas impresionantes y que me
fascinó desde el primer momento.
No pensé que fuera a gustarme tanto, pero la verdad es que las construcciones
que se conservan son impresionantes.
La mayoría de ellas, entre las que se encuentra la torre principal, datan de
la época Edo y, por tanto, se trata de uno de los 12 castillos de origen que
se conservan en Japón.
Pero incluso algunas que han reconstruido, lo han hecho al estilo antiguo,
dándole a todo el recinto un aire feudal muy impactante.
Este castillo perteneció a una de las ramas del clan Matsudaira, parientes de
los Tokugawa (clan que gobernó en la época Edo), y es de los pocos cuya torre
principal tiene varias alas, que conectan a través de pasillos y que forman
un patio central muy curioso.
No es el castillo más alto, ni destaca con algún color llamativo... pero tiene
algo en su forma y distribución que me atrapó, pasando a ser de mis
favoritos.
Además, dentro de conservan algunas exposiciones sobre la historia feudal y
objetos de la época. Recorrer sus pasillos fue muy divertido.
Por cierto, tanto niños como adultos no podían evitar el querer sentirse como
el lord por un ratito. jeje.
El castillo se puede admirar desde la explanada, pero bien merece pagar los
520 ¥ que cuesta recorrer el interior de sus muros y torretas.
Además, yo me hice con el gojoin, como no. Uno más para mi colección. ^_^
De vuelta a la explanada (cabe decir que, aunque había mucha gente visitando el
lugar, se podía pasear bien y sin agobios) decidimos tomarnos un heladito de
mikan (600 ¥, carete para lo que suelen costar pero estaba bueno y venía con
mermelada por encima).
Después, regresamos a pie a la base del monte, del lado donde está la entrada
del teleférico. Obviando, por ahora, la otra zona donde se encuentran los
jardines del palacio, puesto que es una entrada que se paga aparte y lo
visitaríamos en un evento especial, por la noche.
Ahora tenía un objetivo muy especial: comprar los regalos de cumpleaños y
navidad de mi hermana, que practica la ceremonia del té.
Y es que, gracias a mi compañera
Lola de Esencia japonesa, supe de esta pequeña tienda de segunda mano. En ella se pueden comprar kimonos
de todo tipo (a muy buen precio), complementos, tazas y utensilios para la
ceremonia. (ver ubicación)
Y, aunque esperaba ir rápido, infravaloré lo que me costaría decidir entre
tantas opciones. Además, la señora tuvo mucha paciencia al irme indicando
si los kimonos en los que me fijaba eran o no aptos para el rango que exigía
la ceremonia del té. ¡¡Y es que es todo un mundo!! No sirve cualquier diseño ni
calidad.
Pero tras 1 hora, en la que el pobre Jordi estaba esperando fuera
pacientemente (o no tanto al final jaja), salí de allí con unas cuantas bolsas
llenas de kimonos, obis formales e incluso un bonito chawan ^_^ y le di mil
gracias a la señora por la ayuda prestada para no equivocarme. ¡Sin esa
atención, no hubiera sido lo mismo!
Por suerte, el hotel estaba a lado porque esas bolsas pesaban lo suyo.
Y, tras descargarlas en la habitación, regresamos a esa calle (la del acceso
al castillo) para buscar un restaurante que ofreciera un plato típico de la
ciudad: el nabeyaki udon de Matsuyama. Característico por su caldo dulce, y
que se sirve en un recipiente de hierro.
En la zona vimos algún restaurante con cola de turistas y aspecto moderno y
vistoso. Pero nosotros nos fijamos en uno pequeñito, sin glamour pero con
mucha solera, lleno de gente mayor local y con precios muy baratos... Al
fijarnos, tras la barra se veía unos abuelillos llevando la cocina. ¡Ese era
el lugar! Nosotros lo teníamos claro.
Nos sentaron en la barra y me pedí el nabeyaki udon. Muy bueno.
Pero Jordi, que estaba hambriento y viendo el precio tan barato, optó por
comerse de primero unos zaru-soba y de segundo un niku udon. Eso sí, acabó
a reventar. jaja.
Los tres platos nos costaron 1.800 ¥ (recordad lo que había costado el helado y
echad cuentas...) y eso sí, solo en efectivo. (ver ubicación)
Al salir, nos acercamos a la shotengai de enfrente del hotel porque tenían
montado un tinglado con pistas de baloncesto, escenario con gente cantando, etc. Así pues, nos dimos una pequeña vuelta para cotillear antes de regresar
a la zona del Dogo Onsen. Esta vez para verlo desde la zona superior, donde
hay unos onsen de pies gratuitos.
Pero los onsen de pies estaban llenos de gente, así que nos conformamos con las
vistas y el mirar las fotos que hay expuestas en esa zona, sobre la reforma del Dogo Onsen
Honkan, que finalizó recientemente.
De ahí, bajamos a hacerle foto a la puerta de la familia imperial, desde fuera
(el día anterior vimos la zona desde dentro).
Y regresamos a la calle comercial para comprarme unos regalitos de cumple y, de paso, realizar una actividad muy divertida, gracias a mi amiga Hira sensei,
que fue quien me avisó de la existencia del lugar y tuve claro que caería en mi cumpleaños: cata de zumos de Matsuyama que salen de los
grifos. jeje.
El Ehime's Dining Table 1970 es un local que toma su nombre de una leyenda urbana de finales de los años 70 en la cual, personas de todo Japón se reunieron en universidades y
presumieron de sus respectivas regiones y alguien de Ehime dijo en broma:
"¡En las casas de Ehime, el jugo de mandarina sale del grifo!"
¿Y porque no hacerlo realidad?En este local tienen 20 grifos con diferentes variedades de cítricos de la
zona, que pueden variar un poco según la temporada, y puedes catar cuantos
te apetezcan. Eso sí, cada uno por un precio que puede variar entre 220 y
400 ¥.
Ese día tenían disponibles 19 variedades y queríamos probarlas todas. jeje.
La dinámica es sencilla:
Encima de cada grifo hay un cartel con la información de la variedad que
pertoca (nombre, precio, nivel de dulzor, acidez y amargor) y vasitos con
el nombre.
Vas llenando los vasos que te interesan y en caja hacen el recuento y te
cobran. Además, por si llevas varios vasos como nosotros, en la entrada hay
unas bandejitas para llevar múltiples vasos a la vez.
Nosotros, que pillamos uno de cada, pagamos 5.400 ¥. Sí, mucho más caro que la
comida, pero era mi cumple y habíamos venido a jugar. jeje
Por cierto, tomé fotos de cada variedad, para tener en cuenta los parámetros
de sabor y empezamos a probarlos.
Al finalizar, nos dimos cuenta que yo prefería los amargos y Jordi los
dulces. ¡Gustos totalmente diferentes! Y además, cada cual escogimos nuestro
favorito. Los ganadores:
Me pareció fascinante probar tanta variedad de cítricos, con sabores tan
diferentes, a la par que una actividad muy divertida. ^_^
Tras la cata decidimos regresar a la zona del hotel y, al llegar a la
estación del tranvía, justo pudimos ver el tren Botchan en marcha.
Eso sí, no nos subimos porque se requiere un billete especial.
De vuelta en Okaido nos acercamos a ver la Bansuiso, una villa de
estilo renacentista construida como segunda residencia de un conde,
descendiente del antiguo clan Matsuyama y que ha albergado a la familia imperial en alguna ocasión.
En el recinto hay una cafetería tradicional muy bonita, cuya existencia
desconocía, y que, por desgracia, ya cerraba cuando llegamos.
Tras otro paseo por la zona comercial y después de descansar un rato, subimos a pie
hasta los Jardines Ninomaru del castillo.
En esa época, abrían los jardines a las 17 h con una iluminación especial por
el momiji y decidimos visitarlos entonces (200 ¥)
Estos jardines se ubican en la antigua localización del segundo círculo
defensivo del castillo (Ninomaru). Justo donde se encontraba el palacio, la
residencia y oficinas del señor feudal.
Si bien no se conserva en la actualidad, el jardín ha mantenido la planta y
distribución de los edificios mediante los estanques y cimientos.
La visita por la noche fue muy especial. Con luces que iluminaban los
árboles, lámparas en los diferentes estanques... Un espectáculo
precioso.
Lo que no sabía era que, la casa de té del jardín, seguía ofreciendo la
experiencia de la ceremonia del té durante un rato al inicio de la apertura
nocturna.
Cuando llegamos, acababan de empezar el último turno y, muy amablemente, me
indicaron que podía unirme sin problema.
Así pues, pagué los 500 ¥ y me dispuse a disfrutar de unos minutos relajados,
observando todo el protocolo (del cual, por suerte conozco lo básico) y
saboreando un buen té matcha con el dulce tradicional.
Nuevamente se vieron sorprendidos por el hecho de que pudiera hablar algo de
japonés y, por tanto, participar de la conversación durante la
ceremonia.
Al finalizar, tanto la otra pareja de visitantes como quienes impartían la
ceremonia sintieron curiosidad al mencionarles que mi hermana estudiaba "el camino del té" y estuvimos charlando un poco.
Tras lo cual, se ofrecieron a sacarnos unas cuantas fotos de recuerdo en la
propia casa del té, algo que les agradecí profundamente.
¿Podía tener mi cumpleaños un final más redondo? Tener la suerte de llegar a
tiempo para poder disfrutar de la ceremonia...
Después de eso, acabamos de disfrutar calmadamente del recorrido de los jardines, sin una
afluencia excesiva de visitantes a pesar de ser fin de semana.
Cuando se viaja a Japón en ciertas épocas (festivos o bien Hanami y Momiji)
merece la pena repasar si algunas de las atracciones principales realizan
eventos especiales, como los de iluminación nocturna, porque suelen ser muy
bonitos.
Bueno, comenté lo de "un final redondo", ¡pero en verdad faltaba la cena! Y
como no, ya le tenía echado el ojo a un lugar también al lado del hotel: un
restaurante de Tonkatsu, de los que tanto nos gustan. ^_^ (ver ubicación)
Tienen varios menús diferentes, pero esta vez optamos por la chuleta de
cerdo de Imo, que es un cerdo con D.O de la zona de Ehime. (3.560 ¥ los
dos menús)
Como siempre, acompañado de la sopa miso, arroz y ensalada de col (de todo
eso puedes pedir más, sin coste añadido), además de dos salsas para la
ensalada: una de ellas a base de mikan (¡Como no! Que se siga notando el
producto de la región.) y otra de cebolla. Ambas muy buenas.
Y no puede faltar la salsa tonkatsu para acompañar la carne, en la cual tú
mismo mueles las semillas de sésamo y añades la salsa para hacer la mezcla a
tu gusto. ¡Nos encanta!
Y ahora sí, broche final a mi día de cumpleaños. ^_^
Lo pasamos muy bien en la ciudad, pero los próximos días tocaba salir de
ella para explorar otras poblaciones de la región.










































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