Este día tocaba poner rumbo a Matsuyama, la capital de la prefectura de Ehime
y, probablemente, la ciudad más famosa de Shikoku para el turismo
extranjero.
Y es que el Dogo Onsen Honkan es uno de esos onsen de los que se dice que
sirvió de inspiración para "El viaje de Chihiro" de Ghibli. Y ya sabemos lo que
llama eso a los extranjeros...
Aunque, al margen de esa anécdota, este lugar tiene mucha historia y, por tanto
también, mucho turismo interno.
Nuestro día empezaba desayunando en el hotel de Kochi, ciudad que nos había
encantado, y tomando el bus de larga distancia que nos llevaría a Matsuyama, tras 3h de un trayecto que combinaría paisajes de las montañas del interior de la
isla con la costa del mar interior de Seto.
Al llegar a la estación JR de Matsuyama, que por cierto estaba toda la zona de alrededor en obras, fuimos a intercambiar el pase regional que usaríamos los siguientes
días.
Tardé bastante porque era una oficina muy pequeña, con pocas personas
atendiendo a los usurarios. Así pues, paciencia, pero es algo que me chocó, porque me esperaba una oficina más grande al ser tan
turística la ciudad.
También nos fijamos que la zona de la estación JR estaba un poco desangelada (no
sabemos como quedará tras las obras) y que fue todo un acierto haber optado
por la zona de Okaido para alojarnos.
Además, se llegaba muy fácil con el tranvía, transporte principal para
movernos esos día por la ciudad.
Con los pases cambiados (pero no activos para ese día) nos subimos al tranvía, pagamos con la IC card y tomamos rumbo al alojamiento.
Tras dejar las mochilas en el hotel, cruzamos la calle para curiosear en la shotengai (calle comercial techada) que había justo en frente, confirmando que era una zona llena de vida, con
muchas tiendas, restaurantes y un buen lugar donde ir a pasear por la
tarde/noche.
Como ya era mediodía, optamos por comer algo rápido en el McDonald's (siempre
cae alguno en el viaje) y así poder aprovechar lo que quedaba de día.
La primera visita que hicimos fue a "el otro castillo de Matsuyama": Las
ruinas del castillo Yuzuki.
Y es que, aunque la ciudad tiene uno de los 12 castillos que se conservan de
origen, también tiene las ruinas de otro castillo, muy cerca de Dogo
Onsen, cuya historia y la del clan que lo controlaba se remonta a la época de las guerras Genpei (finales del s. XII).
Hoy en día los terrenos conforman un parque muy bonito, que no tiene horario
de cierre, y un museo con recreaciones de algunas viviendas de samuráis,
almacenes... y un tramo excavado de la zona del muro.
Esta zona del museo cierra a las 17h y la visita es totalmente gratuita.
Y, a pesar de ser gratis y de estar a unas pocas calles de Dogo Onsen,
estuvimos solos en las salas de exposiciones y con solo unas pocas familias
japonesas en la zona exterior.
Era un viernes, con lo que suponemos que, quizás, los fines de semana pueda
haber más familias pasando el día en el parque. Pero vamos, ¿turismo? Nosotros
solos...
Tanto es así que los voluntarios del museo nos recibieron con mucha alegría
y nos colmaron de atenciones:
Primero, nos mostraron un diorama mientras nos daban a leer unas láminas con los detalles escritos en inglés.
Primero, nos mostraron un diorama mientras nos daban a leer unas láminas con los detalles escritos en inglés.
También nos pusieron un vídeo de la historia del lugar en ingles y otro en
japonés. Les hizo ilusión que yo lo hablara un poco y, aunque no logré
entenderlo todo, les hicimos felices por aceptar con interés el verlo. jeje.
Tras eso, nos quisieron hacer unas fotos con el kabuto y la katana. ¿Como
negarnos, con tanto entusiasmo? jeje.
Y finalmente, antes de salir al exterior, compré el gojoin (escogí la versión
especial por 500 ¥), nos regalaron unas hojas para recortar y reconstruir unos
edificios del castillo y un kabuto de origami.
Es una de esas visitas de las que te llevas muy buen recuerdo, sobre todo por
las personas. ^_^
Después, nos paseamos por la zona de las recreaciones de viviendas. Y entre el
mapa que nos dieron en inglés (donde viene bien señalizada la disposición y
uso de cada zona) y unos vídeos a los que podías acceder escaneando los QR, que había en los lugares de interés,
pudimos disfrutar de la visita y hacernos una idea sobre la vida en el lugar.
Para terminar, acabamos dando la vuelta al parque, donde una garza decidió
acompañarnos y regalarnos unas fotos preciosas.
De ahí, nos fuimos a la zona de Dogo Onsen, que estaba realmente al
lado.
Éste es uno de los balnearios termales más antiguos y famosos de Japón. Y fue destino frecuente de la familia imperial, que tiene unas salas privadas en el
Honkan, aunque ya hace un tiempo que no las utilizan.
De camino pasamos primero por la estación del tranvía, aunque sin entretenernos mucho
porque teníamos un objetivo claro.
La estación data del periodo Meiji y alberga a "Botchan", una locomotora de vapor (actualmente funciona con motos diésel) que funciona a ciertas horas del día, para la cual se necesita pagar
un billete especial.
Justo en frente está el reloj Botchan Karakuri, que a las horas en punto pone
en marcha un mecanismo de marionetas muy bonito, que bien merece la pena ver
(nosotros lo haríamos más tarde).
Y al lado, hay un onsen de pies gratuito.
Y os habréis dado cuenta de que el nombre "Botchan" se repite varias veces por esta zona... Y no es
coincidencia, porque el famoso escritor Natsume Soseki vivió en Matsuyama a finales del s. XIX y se inspiró en este área para su novela "Botchan".
Tras un primer vistazo, nos fuimos directos a nuestro objetivo: El Dogo Onsen
Honkan.
El edificio tradicional de baños termales cuya historia se dice que se remonta a
3000 años, y el que escogimos para disfrutar de la experiencia.
En la zona hay otros baños, dos de ellos más modernos, asociados al Honkan (y
de hecho tienen un ticket combinado), pero tenía claro que queríamos ir a la
joya de la corona.
Además, fue un regalo anticipado por mi cumple, que sería el día
siguiente.
¿Y porque no ir el mismo día de mi cumple? Pues porque caía en sábado y los fines de semana la
afluencia sube mucho, aumentando los tiempos de espera, en especial para
las salas privadas.
¿Como lo supe? Pues gracias a su maravillosa
web, donde
actualizan los tiempos de espera en todos sus edificios y baños.
Una semana antes, estuve monitorizando los días de la semana que me
interesaban y me di cuenta que el viernes, después de medio día pero antes de
bien entrada la tarde, era un buen momento. En especial para lograr una sala
privada sin esperar. (Fuimos sobre las 15 h).
Porque ese es otro tema, ¿Que entrada comprar para el Dogo Onsen Honkan? En la
web las
detallan y las explicaremos brevemente:
Por un lado, este edifico tiene dos tipos de baños (todos separados por
sexos): Kami-no-yu y Tama-no-yu. El primero es más grande y también el más
solicitado.
Además, dispone de unas habitaciones de descanso, que pueden ser compartidas o
privadas. Y dos salas para grupos, pero esas requieren reservas online y
están pensadas solo para grupos grandes.
Pues bien, con todo eso hay varias combinaciones:
- Solo el Kami-no-yu: es la entrada más barata, solo se puede ir a ese baño y no entra el yukata ni toallas (o las llevas o las alquilas aparte)
- Kami-no-yu con sala de descanso compartida: entra ese baño, yukata y un té con dulces en la sala de descanso compartida.
- Tama-no-yu con sala de descanso compartida: se puede acceder a los dos tipos de baño, te entra el yukata y las toallas, el té con dulces en la sala de descanso y, además, la visita guiada al Yushiden (los aposentos privados de la familia imperial).
- Tama-no-yu con habitación privada: Como el anterior, solo que en una habitación privada en vez de la sala compartida.
Al principio dudaba de si pillar la sala privada o no, pero Jordi lo tenía
claro: era mi cumpleaños y, por un poco más, lo íbamos a disfrutar al máximo.
Además 2.500 ¥ tampoco era excesivo.
Así pues, compramos los tickets en la taquilla, nos hicieron dejar los
zapatos en unas casillas en la entrada y nos indicaron que subiéramos a la
tercera planta. Aunque yo, me paré en la tienda de la planta baja a por el
Goyuin (600 ¥). ¡Porque sí! ¡Resulta que ahora, algunos onsen también venden
sus sellos!
El edificio es un laberinto de salas y escaleras (al mas puro estilo "El viaje de Chihiro"), pero en todos los rincones
había personal para dirigir a los visitantes.
La mayoría de las personas se quedaban en la primera planta, donde están los
baños y los cambiadores del Kami-no-yu, es decir, las entradas más
económicas.
Nosotros, empezamos a subir rumbo al tercer piso, por unas escaleras
inclinadas al estilo castillo, hasta que una chica nos acompañó a nuestra
sala privada.
Allí, nos dio las instrucciones en inglés, nos mostró donde dejar los
objetos personales y donde teníamos los yukatas y toallas.
Después, nos dejó a solas para cambiarnos y aprovechamos para admirar las
preciosas vistas.
Una vez listo, nos acompañó para ir al Tama-no-yu (también podíamos ir al
otro, pero es al que va casi todo el mundo y por tanto lo lógico es irte
primero al menos concurrido).
No pudimos sacar fotos pero, el de mujeres, era una sala de azulejos muy
bonita, con una estatua de mármol en medio de la zona de baño.
Además yo estuve sola prácticamente todo el rato y Jordi solo con dos
personas más. Mereció la pena ir a esas horas.
Al subir, nos mostraron la habitación privada donde se alojaba Natsume
Soseki cuando iba al onsen y que conservan a modo de memorial.
Y nos trajeron un té con el dulce típico de la zona: Botchan dango. Un dango
con bolas de arroz sabor a matcha, anko y huevo.
Estaba todo muy bueno pero, además, nos pedimos una botellita de leche fría para cumplir con el ritual post-onsen. Y es que en Japón es típico tomarla
después del baño calentito. Eso sí, esto se pagaba aparte (190 ¥ cada
botellita).
Por último, nos vinieron a buscar para la visita a los aposentos
imperiales.
Al llegar abajo y ver que éramos extranjeros (se nos unió otra pareja de
coreanos), uno de los guías se ofreció muy animado, con ganas de practicar
inglés (y el otro guía le cedió el grupo gustosamente jajaja).
El hombre era mayor, pero muy risueño y con mucha energía. Y nos fue mostrando los detalles, intentando explicarlo en inglés o sino, usando el
traductor automático como apoyo.
Nos mostró la entrada especial para la familia imperial, la zona de
habitaciones, nos explicó el porque había un asiento más elevado...
Aquí no se puede entrar, pero se ofreció a tomarnos fotos en la
entrada.
Y la zona de baño.
Tras una visita muy entretenida, regresamos a nuestra salita para cambiarnos
y finalizar nuestra estancia en Dogo Onsen Honkan.
Sin duda, fue una experiencia pre-cumple muy chula.
Al salir, nos pasamos por el exterior del Asuka-no-yu. Unos baños modernos pero
con aspecto tradicional y que por dentro tienen recreados los baños
imperiales y puedes reservarlos, de forma privada, para bañarte en
ellos.
Desde los onsen hasta la estación del tranvía pasas por una shotengai con
muchas tiendas de souvenirs, pastelerías, productos de cítricos (típicos de la zona), etc.
Yo me compré unos regalitos en la tienda Ghibli y Jordi se tomó un zumo de
mikan (mandarina).
Mientras, había estado anocheciendo y nos acercamos a hacer fotos de nuevo
al Honkan.
Por cierto, obviamente, esta es la zona más concurrida de la ciudad, pero la
verdad es que ni tan mal. Al menos, en una tarde de viernes en noviembre nos
pudimos mover bastante bien.
De regreso a la estación del tranvía, coincidimos con el reloj en
marcha.
Las marionetas representan diferentes pasajes del libro de Botchan, y nos
pareció muy divertido el ver como se replegaba, para volver a su estado
normal.
Además, de noche con las luces... es precioso.
Al día siguiente regresaríamos a esta zona, pero ahora tocaba volver al
hotel para hacer el check in. Y de camino, nos acercamos a ver la entrada al
recinto del castillo, que la tenían iluminada.
Tras el check in, tocaba dar una vuelta por la animada shotengai de enfrente el hotel.
Cotilleamos algunas tiendas, entramos en un Donki enorme... y decidimos cenar en el Sukiya, el primero de este viaje, nuestros platos ya tradicionales de la
cadena:
Mi donburi de ternera con queso y el de Jordi con cebolleta, ambos con
huevo. (1.410 ¥)
Muy contentos con todas las visitas que pudimos hacer ese primer día, nos
fuimos a descansar. Al día siguiente tocaba celebrar mi cumple y, por
supuesto, tenía planeadas cosillas muy chulas. ^_^



































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