Éste sería un día intenso pero muy bonito, recorriendo diferentes
lugares históricos de la ciudad de Kochi: desde el lugar de nacimiento de un
samurái muy importante en la historia de Japón, hasta uno de los
castillos que se conservan de origen, visitando otro de los templos del
Shikoku Henro y paseando por una playa con vistas increíbles.
Y como no, ¡con buena gastronomía! Kochi acabaría dejando huella en nuestro
kokoro (corazoncito).
El día empezó muy temprano porque queríamos aprovechar al máximo las horas de
visitas. Así pues, tras desayunar en el hotel, tomamos el tranvía rumbo al
primer lugar del día: El museo del lugar de nacimiento de Sakamoto Ryoma.
Para movernos por la ciudad habíamos comprado el
My-Yu Bus Pass el día anterior en la Oficina de Turismo.
Un pase que nos permitiría movernos en bus y tranvía. Ahora bien, hay dos tipos de pase, por tanto hay que
mirar al detalle las opciones en base a la ruta en
bus que se escoja (nosotros optamos por la que llega hasta la playa Katsurahama) y los horarios en función del día de la semana que
estemos.
Además, el pase otorga descuentos en varios de los museos y lugares históricos
de la ciudad.
Así pues, nos fuimos en tranvía hasta la parada donde hay un monumento al
lugar de nacimiento de Sakamoto Ryoma.
¿Y quien es el señor Ryoma? Pues un samurái muy famoso por su papel durante el Bakumatsu, la rebelión
a finales del periodo Edo contra el shogunato. Y es que gracias a él, dos
grandes clanes de Kyushu (Satsuma y Choshu), enemistados históricamente,
hicieron las paces, uniéndose a la revuelta y ayudando a la caída del antiguo
régimen y a la apertura del país.
Llama la atención los símbolos del timón de barco y el revolver (otro símbolo
que se asocia a su persona son las botas occidentales que calzaba).
Todo está relacionado con la fascinación que sintió por occidente y con la
compañía marina que fundó: Kameyama Shachu, una organización que importaba armas y barcos occidentales
para abastecer a Satsuma y Choshu.
Algunos consideran que la Kameyama Shachu fue la precursora de la Armada
Imperial Japonesa, y que Ryoma desempeñó un papel clave en la modernización de
las capacidades navales de Japón.
Por cierto, esta etapa comercial de Ryoma está relacionada con
Nagasaki y nosotros pudimos ver algunos lugares vinculados a su figura en esa
ciudad.
Además, recomendamos
un vídeo de nuestras amigas, que vivieron en Nagasaki y son fans de Sakamoto Ryoma, donde nos hablan de
esos lugares y su historia.
Muy cerca del monumento se encuentra el museo que queríamos visitar.
En la ciudad hay dos museos dedicados a Ryoma. El Museo Conmemorativo, que es más
grande y famoso y se encuentra en Katsurahama y éste, más pequeño y menos
conocido, dedicado a su infancia y juventud.
Supuse que no daría tiempo a ambos y, en contra de lo que suele hacer la
mayoría de personas, decidí priorizar el del lugar donde nació y aprender
sobre esa primera etapa más desconocida.
La entrada costaba 330 ¥ (con el descuento del pase) e incluía una audioguía en inglés muy original: era una lámina plastificada con un "boli" que, al presionar sobre
el lugar del mapa en que te encontrabas, reproducía la explicación.
Nuevamente, que un museo tan pequeño y menos transitado tuviera esta opción de cara a los visitantes nos alegró.
El museo simula una casa antigua del vecindario, y tiene varias zonas de
exposiciones, recreaciones e incluso una zona interactiva (pero en ésta no se
podía grabar).
Ryoma perteneció a una familia samurái de bajo rango y creció en un barrio
donde interaccionaba con personas del pueblo de estatus aún más bajo, dentro
del sistema feudal.
Y se comenta que, quizás por eso, creció con una visión más igualitaria del
mundo, de respeto hacia los estamentos más bajos y en contra del sistema
impuesto hasta ese momento.
En el museo te explican como era su familia, el día a día, sus entrenamientos, etc.
Y también dan un repaso a los acontecimientos posteriores, hasta su asesinato
en 1867, pocos meses antes de la Restauración Meiji. Da lástima pensar que no alcanzó a ver aquello por lo que había luchado.
Por cierto, en el patio tienen una escultura basada en la última foto que le
hicieron. Y te puedes sentar al lado para tomarte una foto con él.
El museo nos gustó mucho, pequeño pero bonito y con buena información. Además,
el personal fue muy amable y simpático. Incluso nos dijeron de hacernos unas
fotos virtuales, como si fuéramos personajes de la época. jeje.
Nosotros, de paso, aprovechamos para hacer unas compritas en la tienda del
museo. Tanto para mí, como para nuestras amigas, a las que echamos de menos en
esta visita. ^_^
Puede que no fuera el gran museo donde albergan objetos personales de Ryoma,
pero el ambiente recogido y la recreación nos encantó. No nos arrepentimos de
haberlo escogido.
Además no se tarda mucho en verlo y abre antes que las otras atracciones (a
las 8h), así que, como llegamos para su apertura, optimizamos la mañana.
Después del museo nos subimos de nuevo en el tranvía, unas pocas paradas, para llegar a la joya
de la corona de la ciudad, al menos para nosotros: El castillo de Kochi.
La mayoría de sus edificios datan de 1748, cuando fueron reconstruidos tras un
incendio (el original era de 1611), y es uno de los 12 castillos que se
conservan de origen en Japón. Es decir, sobrevivieron a la época
postfeudal.
Fue la sede del clan Yamauchi, que gobernó la región de Tosa (el nombre
antiguo de Kochi) durante el periodo Edo (1603-1868).
Una característica de este castillo es que, a diferencia de otros donde el
señor residía en el palacio, la torre principal también hizo la función de
residencia.
La entrada cuesta 500 ¥ (400 ¥ con el descuento del pase) y merece mucho la pena entrar y
pasearte por las estancias (algunas con maquetas) y la zona de
los jardines.
Por cierto, el gojoin (sello del castillo) tan solo costaba 200 ¥, de los más
baratos que encontramos.
Eso sí, como buen castillo japonés, toca prepararse para subir escaleras muy
inclinadas si queremos poder disfrutar de las vistas.
Disfrutamos con calma del recinto y, a la salida, nos sentamos en unos bancos
del parque a comer unos snacks que habíamos comprado en el konbini, porque ese
día comeríamos tarde.
Después, nos fuimos a pie hasta la zona de Harimayabashi, donde tomaríamos el
bus, pasando primero por una zona comercial donde había una
tienda de Ghibli en la que acabé comprando algunas cosillas.
Y, como faltaba un rato para que pasara el bus, aprovechamos para tomar unas
fotos de la zona de día.
Y, al subir al bus, sucedió la anécdota del día.
Noté que había varios occidentales, algo raro hasta ese momento, y que encima
hablaban italiano. Cuando me fijé, me di cuenta que conocía a su guía. ¡Era
Luiggi! Un guía italiano especializado en las zonas de peregrinaje de Japón, al
que sigo de hace tiempo (de hecho, tengo su libro) y al que estuve consultando
alguna duda del itinerario por Instagram.
Vale que él viaja mucho por la zona pero, ¿que probabilidades había de
coincidir en el mismo bus?
Estuvimos charlando durante el trayecto. Y es tan cercano y amable, que me hizo
mucha ilusión, la verdad.
Sin embargo, teníamos planes diferentes: Nosotros nos bajábamos antes, para
visitar el Chikurinji, templo 31 de la Shikoku Henro, y ellos seguían hasta la
playa. Aún así, había probabilidades de verlos allí.
Para visitar el templo hay dos opciones: Bajarse en la propia parada del
templo e ir subiendo escaleras por el recinto. O, lo que hicimos nosotros,
bajarse antes, en la parada del Observatorio del Godaisan, el monte donde se
encuentra el templo, entrar a éste por la zona superior e ir bajando por el
recinto.
Spoiler: Nuestra opción es más llevadera para las piernas. jeje.
El mirador actual es una plataforma pequeña, con vistas a la ciudad y la
bahía, pero están construyendo uno enorme, donde habrá restaurante, hotel, etc.
Debo reconocer que, cuando miraba el recorrido para cuadrar todas las visitas,
el Chikurinji pendía de un hilo.
Sin embargo, nos alegramos mucho de haber iniciado el día pronto y haber hecho
esa parada, porque el recinto es muy bonito, de esos que tienen los salones
distribuidos en varios niveles a lo largo del monte.
¿Y que decir de los colores? En temporada de momiji está impresionante.
Seguíamos alucinando con la suerte de haber pillado esos colores en gran
parte del viaje.
Recorrimos con calma el
recinto (pero controlando el tiempo del siguiente bus), bajando cada nivel dirección a la puerta principal.
Y, nuevamente, nos sorprendía la poca afluencia de turismo extranjero a la
zona. Los fines de semana, suponemos, habrá más turismo local.
Al lado del templo hay un jardín botánico, pero no daba tiempo a todo, así que lo descartamos y pusimos rumbo a la zona de Katsurahama, una playa muy pintoresca y con bonitos
paisajes.
Ahora bien, lo primero una vez llegados ahí: ¡comer! Que ya eran las 14h y se nos hacía tarde. En
la zona donde te deja el bus hay varias tiendas y restaurantes, mucho de ellos
con marisco o ramen de pescado.
Pero no nos acababan de convencer y tampoco queríamos comer en un chiringuito
que había de hamburguesas y helados. Finalmente, nos decidimos por un
restaurante con unos menús que nos gustaron:
Katsurahama Restaurant Jin.
Jordi se pidió el menú de katsuo no tataki y chirimen (los pescaditos pequeños
que tenía pendiente probar) y que, además, traía unos cortes de roast beef. Y
yo, me pedí el menú de hamburguesa japonesa de aka ushi (ternera wagyu).
Los dos menús costaron 4.180 ¥ y estaban muy buenos.
Durante la comida, mantuve contacto con Luiggi y me comentó que estaban
tomando algo en el chiringuito que había justo afuera y quedamos en vernos y
hacernos una foto, antes de que ellos abandonaran la zona.
La prueba del agradable encuentro: ^_^
Tras despedirnos, Jordi y yo nos acercamos a ver la estatua de Sakamoto Ryoma mirando al océano, que tienen en ese area.
Después, bajamos a la playa donde, por cierto, está prohibido bañarse.
Hay un bonito paseo que la recorre, con unas vistas preciosas.
Y que te lleva hasta al Santuario Hayataka.
El santuario es muy pequeño, pero su ubicación es muy bonita.
De ahí sale un sendero que sube por la colina, hasta llegar a un faro y
después al Museo Conmemorativo de Ryoma.
Pero es un museo grande y ya se acercaba la hora del cierre. Así pues, tomamos
el bus que pasaba por allí mismo y nos dejaría en la estación de tren.
Tocaba hacer tiempo hasta la cena y, para empezar, decidí regresar al
puestecillo de dulces de la estación para comprarme la merienda: un yomogi
dango con koshian (dango de artemisa con pasta de judía roja dulce, 315 ¥).
Que, por supuesto, ¡estaba delicioso! Además, la señora se acordaba de mí, del
día anterior, y me hizo mucha ilusión ver que se alegraba de mi regreso. ^_^
Como anécdota, se lo conté a Jordi emocionada y su respuesta fue un: ¡Pues
claro que se acuerda de ti! ¿Cuántas occidentales que hablen japonés crees que
ha visto desde ayer?
Nos reímos porque la verdad es que llevaba razón.
Tras la mini merienda, nos fuimos a localizar el anden del bus que tomaríamos la mañana
siguiente y pasamos por la tienda de productos típicos en la Oficina de
Turismo. Allí, compré una salsa de yuzu para las ensaladas, que estaba
buenísima (395 ¥).
Después, nos pasamos a cotillear por una mega tienda de electrónica, justo en
frente del hotel, y nos acercamos al alojamiento para dejar tramitado el envío
de maletas ya que en el bus solo podíamos llevar el equipaje pequeño.
Cerca de la hora de la cena, volvimos a usar el tranvía para acercarnos al
Hirome Market para cenar un plato típico de Susaki, una ciudad del oeste de
Kochi: el nabeyaki ramen.
Para ello, escogí un restaurante que hay en el mercado y que es una sucursal
de un restaurante original de Susaki (ver en maps).
De hecho, incluso tienen dibujada la mascota de la ciudad: Shinjokun, una
nutria que tiene incluso sus propios memes en internet. ¿Os suena? jeje.
Bien, este plato consta de fideos ramen en un caldo de pollo y pastel de
pescado al que se le añade un huevo crudo, y todo servido dentro de una olla
que mantiene MUCHO el calor.
De hecho, se dice que es el ramen más caliente del país. "El que más" no lo se,
pero que parece salido del Monte del Destino, os lo decimos. jeje.
La verdad, nos sorprendió para bien. ¡Estaba delicioso! Nosotros optamos
por mezclar el huevo con el caldo y darle cremosidad. Pero también puedes
dejarlo cocer, o bien apartarlo en la tapa de barro, batirlo e ir mojando los
fideos en él.
Las tres opciones son igual de válidas a la hora de comer este ramen.
Y como no, ¡unas gyozas! (Nuestra amiga, Hira sensei, aprobaría la combinación. jeje)
Toda la cena costó 2.150 ¥ y, si hubiéramos tenido más días en la ciudad, sin
duda hubiéramos vuelto a por más nabeyaki ramen.
Y es que al día siguiente tocaba poner rumbo a Matsuyama.
Kochi dejaba un
muy buen sabor de boca, nunca mejor dicho, y buenos recuerdos.
La verdad es que, a toro pasado, le hubiera dado uno de los
días de Tokushima a Kochi, porque, como ciudad, nos gustó mucho más y
nos quedaron rincones de historia pendientes por visitar.
Pero en general, eso nos iría pasando en todo Shikoku: el irnos con la
sensación de querer regresar, ver más rincones y seguir comiendo sus platos
regionales.
La gastronomía de Kochi nos había cautivado. ¿Nos pasaría lo mismo en la
prefectura de Ehime? ^_^












































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