Este día empezaba nuestra ruta por el sur del país, en la isla de Kyushu, y para ello
optamos por volar hasta Kagoshima, al sur de la isla, para después ir
subiendo.
Si hay dos símbolos de la zona, diría que son el volcán Sakurajima y la figura
del samurái Saigo Takamori, del cual acabaríamos descubriendo una faceta que
nos lo desmitificaría.
Iniciamos el día madrugando para ir a la Terminal 1 de Haneda, que es la de
vuelos domésticos, y descubriendo que es una terminal muy moderna, con todo el
sistema de facturación automatizado y una organización en los controles de
diez.
De hecho, en el propio control te imprimen la información del vuelo, la puerta
de embarque, la hora... TODO. Vamos, que no has de ir buscando pantallas para
ver a dónde te has de dirigir.
En la zona interior hay tiendas, restaurantes y máquinas expendedoras. Se puede desayunar
y comer perfectamente allí.
Como anécdota, nuestro vuelo salió con 20 minutos de retraso y empezaron a
disculparse a partir de que llevábamos 5 minutos de retraso. ¡5 minutos!
Justo ese día iba a pegar una buena nevada en Tokyo, de la que nos libramos por los pelos (porque quedaron los transportes parados) y el clima no estaba muy allá.
¿Resultado? Un vuelo lleno de turbulencias de las guapas, "divertido", vamos,
pero en fin... Al menos nos dieron una bebida y la atención fue muy buena (como
siempre que volamos con JAL).
Una vez aterrizados, para llegar a la ciudad desde el aeropuerto, hay un
autobús. Preguntamos en la oficina de información y nos indicaron que era el nº 8
(saliendo a la izquierda) y que teníamos que comprar los billetes en las
máquinas (1400 ¥ por persona).
Había bastante cola y asumimos que nos tocaría esperar al siguiente bus. Sin embargo, vimos que empezaban a preguntar en la fila algo y
mucha gente decía que no y otros, de más atrás, aceptaban y subían... No
sabíamos de qué iba el tema, pero al llegar a nosotros sencillamente nos miró
los billetes y sin preguntar nada nos indicó que p'adentro.
Y ahí fue cuando nos dimos cuenta del motivo. ¡Y flipamos! Resulta que, esos
autobuses, a parte de los asientos normales, tienen una columna extra de
asientos plegables, que ocupa el espacio del pasillo.
Así pues, si hay mucha afluencia de gente, pueden aumentar el número de pasajeros. Son asientos
más incómodos, porque el respaldo es pequeño, y de ahí que algunas personas se
negaran y prefirieran esperar al siguiente autobús.
El trayecto fueron unos 50 minutos, íbamos a un ritmo lento, e intenté no
pensar mucho en: ¿Cómo se supone que salimos de aquí en caso de emergencia? xD
Al llegar a la estación de tren central, Kagoshima-chuo, aprovechamos para
cambiar los
JR Pass regionales y hacer las reservas de trenes que, como no había gente esperando, nos
las tramitó la chica en ventanilla, en vez de ir nosotros a las
máquinas.
También pasamos por la oficina de turismo, para comprar los pases de un día
de la ciudad, que usaríamos al día siguiente. Este pase te cubre todo el
transporte de la ciudad, incluido el ferry y bus de Sakurajima (1200 ¥ por
persona y se paga en efectivo).
Por último, aprovechando que era mediodía, nos acercamos a la zona de
restauración y comimos un
tonkatsu
de kurobuta (cerdo negro de Kagoshima) que estaba muy bueno. Al ser de
kurobuta, una carne especial de la zona y de mucha calidad, salía un poco más
caro, pero nos gustó mucho (3916 ¥ los dos).
Ahora sí, con todos los trámites hechos, podíamos ir con calma a dejar la
mochila en el hotel y pasear un poco por la tarde (aunque estaba nublado, con
viento y chispeaba a ratos).
Para llegar al hotel usamos el tranvía, justo enfrente de la estación, desde
donde pudimos contemplar la gran noria de ésta (nosotros no somos de
subirnos, yo tengo vértigo...).
Hay que tener en cuenta que en el tranvía de Kagoshima no aceptan las IC
Cards de otras zonas. Nosotros pagamos en efectivo y, aunque había carteles con
el símbolo de VISA, la verdad es que no lo probamos.
Tras dejar todo
en el hotel, nos fuimos paseando con la chaqueta impermeable puesta, hasta la zona del
antiguo castillo, donde hay algunos memoriales relacionados con Saigo
Takamori.
Pasamos por grandes avenidas, con algún jardín, edificios de cemento que nos
recordaron al estilo de principios de siglo XX que habíamos visto en otras
poblaciones...
Y vimos un Donki que, por fin, hacía referencia directa a Don Quijote de la
Mancha. jeje Nos hizo mucha gracia.
El primer punto que visitamos, al llegar a los terrenos del antiguo castillo,
fue la estatua del propio Saigo Takamori.
De ahí, seguimos la muralla hasta la puerta, que es una reconstrucción, y que
estaba cerrada al ser lunes. En ese momento me di cuenta que, al haber sido un
castillo, quizás en el museo de historia de la ciudad, que se encuentra en el
recinto, venderían el Gojoin (sello). ¿Nos daría tiempo a acercarnos al día
siguiente? Veríamos...
Justo al lado, se conserva un muro de la época de la Rebelión de Satsuma
(1877) con los agujeros de las balas, de la artillería imperial.
Hay varios carteles explicando la situación durante la Restauración Meiji y la
posterior Rebelión de Satsuma. Entre esa información y la que leeríamos al día
siguiente, el señor Saigo Takamori se nos cayó un poco al suelo.
Lo que nos sonaba era que su clan, Satsuma, colaboró para derrocar el
shogunato Tokugawa e iniciar la Restauración Meiji. Tomaron cargos importantes en el nuevo gobierno y empezaron a aprobarse las reformas que acabarían con el sistema samurái.
Japón se va modernizando al estilo occidental y a Saigo Takamori empiezan a
no gustarle todos los cambios que eso estaba implicando.
Con lo cual, dimite de su cargo en el gobierno y regresa a su ciudad natal
para instruir a otros antiguos samuráis en una academia privada.
Esta es la parte que yo conocía: no estuvo de acuerdo con todos los cambios
del estilo de vida.
Lo que no sabíamos era que este señor era muy belicista: quería declarar la
guerra a Corea por todos los medios. Y estaba en contra de invertir en
infraestructuras como el ferrocarril, cosa que beneficiaría al pueblo, porque
ese dinero lo quería para el ejército y sus guerras, etc... Vamos, que lo de
héroe no se yo. Nosotros dejamos de empatizar con su figura romantizada tras nuestro paso por Kagoshima.
Pues bien, a esos alumnos se les fue la exaltación de las manos y se
organizaron en una revuelta contra el gobierno Meiji. Por lo visto, él en
principio no quería que el conflicto escalara a mayores, pero no le quedó otra
que tomar el mando de la rebelión, la cual fue aplastada por el gobierno.
Cerca del antiguo castillo se encuentra un memorial en el lugar donde,
en teoría, acabó muriendo. (Ver mapa)
*El tema de la Restauración Meiji y apertura de Japón es muy complejo. Si
os interesa, os recomiendo el libro: El último Shogun (Ryotaro
Shiba).
Me lo recomendó mi
profe de japonés,
Laura, y en él podréis leer como (entre otros tejemanejes y muchos giros de
intereses) el clan Satsuma de Saigo buscó la forma de provocar un inicio de
Restauración violento, lo que acabaron siendo las Guerras Boshin, lejos de
lo que quería Yoshinobu (el último shogun) que intentó una transición y
cambio de sistema de gobierno pacífico.
Bueno, como la tarde se había aclarado, seguimos paseando hasta una zona llamada
Meizanbori. Un entramado de callejuelas que combinan edificios nuevos con
otros antiguos e incluso de aspecto decadente. Un lugar muy pintoresco.
En él se encuentran varias izakayas, ¡¡e incluso un restaurante español!! Que oye,
mala pinta no tenía ¡eh!
De ahí, nos fuimos hasta Tenmonkan, una shotengai (calle comercial cubierta) grandecita cuyos alrededores están llenos de tiendas, restaurantes y "clubes" nocturnos
(como siempre, no sentimos ninguna inseguridad al pasear por allí).
Los restaurantes o eran caros o no nos convencían, así que decidimos entrar
a cenar a un pequeño
centro comercial
de la zona. Cerraban pronto, pero como no habíamos merendado nada... pues ahí
estábamos, a las 19:15 h pidiendo unos udon.
jeje.
Mi curry udon estaba muy bueno. El niku udon (de carne) de Jordi estaba
bueno, peeeeero claro, no llegaban al nivel de los que había comido en
restaurante tradicional. (1680 ¥)
Con la coña, llevábamos ya una buena pateada, pero estábamos cerca del hotel
así pues, a seguir caminando. Parada en el conbini para pillarme el postre: un
pudding de leche de Jersei, mi favorito. Y a dormir.
Cruzando los dedos para que no estuviera nublado al día siguiente, porque
hoy, el Sakurajima no se había dejado ver.
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