Último día y nuestro vuelo salía por la noche, así que, pudimos aprovechar estas horas para dar algunos paseos.
Decidimos no complicarnos la vida con excursiones o visitas intensas, así
que nos levantamos con calma, sin madrugar, y tras dejar las maletas en la
recepción del hotel, tomamos nuestro último desayuno en el konbini y nos
fuimos a localizar el lugar desde donde salían los buses directos hacia el
aeropuerto. Lo teníamos, literalmente, al lado del hotel.
Al llegar, vimos que podíamos comprar los billetes en la máquina (y sin esperar a la apertura de la oficina porque sirven para
cualquier hora del día), y decidimos hacerlo y así evitarnos una posible cola a
la tarde. Ahora bien, la máquina solo acepta efectivo (1.300 ¥ por persona).
Después, tomamos el metro hasta la zona de Umeda y nos fuimos al Yodobashi
camera a comprar unos souvenirs para mi sobrino y otra peque del grupo (en
concreto, unos palillos para niños).
De ahí, metro de nuevo hasta Shinsaibashi y nos pasamos por las tiendas frikis
que están en los centros comerciales PARCO y DAIMARU.
Seguimos paseando por la zona de Amerikamura, con la idea de ir a comer unos
takoyakis al que era nuestro local favorito de la zona. Pero al llegar, vimos
que habían cerrado permanentemente... Nos dio mucha pena porque era un
negocio familiar y habíamos ido varias veces.
En fin. Seguimos paseando hasta la zona de Dotonbori, donde nos vimos rodeados
por el bullicio y, de repente, se levantó un viento frío que empezó a calarnos, incluso
en las zonas cubiertas de las shotengai.
Así pues, tomamos la decisión de refugiarnos bajo tierra, en el Chikagai Namba
Walk y, de paso, regresar al restaurante de gyukatsu al que fuimos
unas noches antes.
Pudimos comer con calma y despedirnos bien de la comida japonesa por este viaje (3.718 ¥ los dos).
Como aún nos quedaba algo de tiempo, fuimos a pie, intentando entrar en calor,
hasta el santuario Namba Yasaka. Un lugar que se popularizó bastante en
Instagram, pero al que aún no habíamos ido.
Se ha hecho famoso por el gran salón del león con la boca abierta del cual se
dice que engulle los malos espíritus.
Es llamativo, no digo que no, pero creo que me dejó bastante fría.
Estaba llenísimo de turistas, en un recinto pequeño, todos con las fotos y
vídeos para las redes sociales... No se, duramos poco en ese ambiente la verdad. Además, tampoco es que el salón del león sea algo histórico, se construyo después de la segunda guerra mundial y está hecho de cemento.
Tenemos pendiente otro santuario que me atrae más, pero está algo alejado y
quiero ir con calma. Queda para un futuro.
Con el viento frío que pegaba, decidimos regresar a por las maletas e ir con
calma hasta el aeropuerto. La verdad es que ir directo en bus es una
gozada.
Una vez allí, nos tomamos una sidra calentita en el Starbucks (estaba
buenísima) y, tras la facturación, nos pasamos por el Family Mart a por unos tamago
sando de despedida.
Se notaba que era de noche y ya no reponían las cosas frescas, porque quedaba muy poco de todo. Y estábamos todos los turistas arrasando con nuestros productos
favoritos antes de tomar el vuelo. jeje.
Del vuelo de vuelta poco que decir ya que Turkish es top y el personal de
abordo es muy simpático. Adicta a su limonada casera. jeje.
Ahora bien, esta vez teníamos tiempo en la escala y tela... Que antipáticos
llegan a ser en el aeropuerto de Estambul.
Además, tienen todo lleno de tiendas de lujo, pero apenas hay asientos donde sentarte a esperar para saber que puerta te toca... Estábamos muchos viajeros
reventadísimos de cansancio, sentándonos en el suelo en un rinconcito, pegados a la pared y sin molestar ni entorpecer el paso,
esperando la info, y vinieron en plan borde a levantarnos porque no nos
podíamos sentar allí... ¿Hola? ¡¡Pues más asientos y butacas y menos Rolex!! En
fin.
Por suerte, Turkish nos mandó un mail con la info bien pronto y nos fuimos de
la zona comercial directos a sentarnos a la puerta de embarque.
El segundo vuelo también fue bien y llegamos por la mañana a Barcelona. Tocaba aguantar el sueño, comprar comida, lavadoras, desempaquetar regalitos
para aplacar la tristeza del fin del viaje...
Y hasta aquí el Japón 7.0. (Aunque la versión 8.0 ya se estaba fraguando en mi
mente. ^_^)
En el próximo post contaremos nuestras impresiones y un resumen aproximado
de gastos, como siempre hacemos.











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