3 de octubre de 2026

Visita al Monte Shosha, de camino a Osaka

Tocaba encarar la parte final del viaje y regresar a Osaka. 
Pero, de camino, decidimos que nos cuadraba una visita de esas que siempre quedaban en el tintero. 
Porque, aunque hemos ido a Himeji un par de veces, siempre dedicábamos el tiempo al imponente castillo de la ciudad (y no es para menos), pero dejábamos pendiente otra bonita visita: El complejo de templos Engyoji, en el monte Shosha. 

Este lugar se hizo famoso por salir en la película "El último samurai", pero, dentro de Japón, es un importante lugar de peregrinaje y centro de formación para monjes budistas de la escuela Tendai. 
Un lugar con más de mil años de historia, el cual, por fin, pudimos visitar.

Himeji

Nos levantamos prontito, compramos el desayuno de rigor para el shinkansen y tomamos nuestro primer Nozomi rumbo a Himeji. 

En unos 20 minutos llegamos a la ciudad, cuya atracción principal nos recibía en todo su esplendor. 
Por desgracia, en este viaje no nos pararíamos a visitarlo. 

Himeji

Nos acercamos a la estación de autobuses y, en la oficina, compramos el billete combinado en el que entra el bus i/v hasta la base del monte y el teleférico, que te sube a la zona del complejo templario (1.700 ¥). 
A diferencia de otros días, esta vez decidimos hacer ambos trayectos en teleférico, porque ya empezaba a arrastrar bastante fatiga y aún nos quedaba otro día de caminata en el viaje. 
Si no, quizás hubiéramos optado por bajar a pie. 

Himeji

También nos dieron información en inglés y un mapa que ya decimos que no está a escala. jeje. Tras la puerta Niomon, los edificios están más cerca entre ellos de lo que sale representado. 

Himeji

El monte Shosha es la última parada del bus, así que no tiene pérdida y te deja al lado mismo del teleférico. 
Tras llegar arriba y admirar las vistas, tocaba acercarse a la puerta a pagar la entrada (500 ¥) y decidir si se quiere ir a pie por el recinto, o bien usar el minibus que te acerca al Maniden (cuesta otros 500 ¥ extra). 
Nosotros decidimos recorrer el recinto a pie y disfrutar de su ubicación en el bosque. 

HimejiHimeji

Para ello tomamos el camino de la derecha, puesto que por ahí no va el bus. Tiene tramos de subida y por tanto se hace un pelín más duro a la ida que a la vuelta, pero merece la pena porque el paisaje que te envuelve es muy bonito. 

Himeji
Himeji

Tras unos 15 minutos, se llega a la Nio-mon, la puerta que marca el inicio del complejo Engyoji y que data del periodo Edo (1665). 

Himeji

Y tras otros 10 minutos aproximadamente, llegamos al Maniden. Una bonita sala de templo construida sobre pilares en la pendiente. 

Himeji

Aunque el edificio original tenía más de mil años, éste se quemó en 1921 y poco después lo reconstruyeron recreando el original fielmente. 

Himeji

A pesar de no ser el de origen, este edificio me impactó. Me resulta precioso y disfrutamos recorriéndolo con calma. 

Himeji

Aunque el zen se nos fue al poco, cuando escuchamos un alboroto acercarse. Resulta que era un colegio con niños que estaban de visita. Y claro, los niños niños son. jeje. 
Eso sí, ordenaditos, que no veas como dejaron el calzado de bien colocado jeje

Himeji

Nosotros ya habíamos terminado de ver el Maniden, así que nos fuimos a la zona del Mitsunodo, donde se encuentran los tres salones famosos por aparecer en la película de Tom Cruise. En ella, representaban el pueblo o refugio de los samurai, donde el protagonista convive con ellos. 
Por cierto, la película hay que tomarla como ficción épica, sin más. Nada de histórico. jaja. 

Aquí se encuentran el Daikodo (salón principal), el Jikido (fue el albergue o dormitorios y también comedor) y el Jogyodo (el lugar de entrenamiento).

Himeji

Justo cuando íbamos a entrar al Daikodo volvimos a escuchar el alboroto. Los chavales venían ya a esta zona. Así pues, como no teníamos prisa, les dejamos pasar. Que visitaran ellos el edificio por dentro y, mientras, nosotros contemplamos el mausoleo de la familia Honda, que está allí mismo, y observamos un rato la dinámica escolar. La verdad es que, orden llevaban...

Himeji
Himeji

Cuando acabaron y se fueron, entramos nosotros tranquilamente a recorrer el salón principal. La verdad es que son unos edificios imponentes. 

Himeji
Himeji

Al finalizar esta zona, decidimos seguir un poco más y ver otros pequeños rincones del complejo. 
Por cierto, aparte de los edificios antiguos, también vimos otros más modernos y con acceso restringido. Y es que, hay que recordar que el lugar aún ejerce como escuela de budismo. 

Himeji

Nos acercamos al Kaizando, o templo interior. Construido en honor al fundador del Engyoji y está rodeado por dos santuarios y un salón de plegarias. 

Himeji

Después, decidimos regresar por otro camino, haciendo la ruta circular. 

Himeji

Y justo en el punto donde dábamos la vuelta, nos volvimos a encontrar con los niños, que estaban comiendo en una zona de picnic. 
Al tener que pasar entre ellos, se inició una cadena de saludos en inglés por su parte, alguno de ellos preguntando cosas básicas... Y sus caras al responderles en japonés, impagables. jaja. 
Fue un momento divertido. Hasta los profesores nos hicieron un silencioso saludo con una sonrisa. 

Yendo de regreso a la entrada, nos paramos en el pequeño restaurante que hay en la zona del Maniden para tomarnos un helado de castaña y un yomogi mochi, que es de mis sabores favoritos (800 ¥ las dos cosas). 

HimejiHimeji

Tras terminar de deshacer el camino y llegar de nuevo a la estación de tren, decidimos comer allí mismo en un restaurante de soba (ubicación). 
Se pedía a través de un QR con el menú en inglés, y elegimos los zaru soba con tempura, un plato que le flipa a Jordi. 

Himeji

Le gusta tanto y tenía tantas ganas que se pidió la ración grande, que traía el doble de soba. Y, como vi venir, acabó reventando. jaja. (2.150 ¥ los dos menús). 

Himeji

Como no teníamos prisa, en vez de esperar al shinkansen que nos llevaría a la estación de Shin-Osaka, nos subimos al tren que nos dejaría en Umeda, donde queríamos ir a cotillear tiendas. 
Tardamos una horita en llegar y dejamos las mochilas en las taquillas de la estación para poder movernos tranquilamente entre los centros comerciales. 

Por que sí, hay varios centros comerciales conectando con la estación de Umeda. 
Nuestra recomendación es mirar en Maps, en cual está cada tienda que nos interese y también el piso en el que se encuentra. 
Aunque en la estación están todos señalizados, el choque de realidad fue grande. Volvíamos a una gran ciudad, muy transitada, muy turística... El caos volvía a rodearnos. 

Osaka

En uno de los centros comerciales, nos pasamos por las tiendas frikis de rigor (Pokemon, Capcom, Nintendo...) y me compré alguna cosilla en la de Harry Potter. 

OsakaOsaka

Y después, en otro, nos pasamos por la zona donde tienen productos de diferentes regiones de Japón para ir a la tienda dedicada a Hokkaido. ¿Por qué? Pues porque allí venden el helado favorito de Jordi: El de melón de Hokkaido. No sabéis como sueña con él. jeje.

Osaka

Después, recogimos las mochilas y regresamos al mismo APA hotel donde estuvimos al inicio del viaje para hacer el check in. 

Esa noche no teníamos muy claro donde cenar, pero no me apetecía ir hacia el follón de Dontonbori. 
Así pues, acabamos recorriendo la zona del paseo subterráneo de Namba (Namba walk) a ver que nos encontrábamos. Y, de paso, refugiarnos un poco del viento y del frío que estaba haciendo. 

Finalmente, el ganador fue un restaurante de Gyukatsu, filete de ternera empanado, que te lo acabas de cocinar en la mesa y va acompañado de varias salsas. (ver ubicación. Ojo que está en el paseo subterráneo)

Osaka
Osaka

Nos gustó mucho y fue un buen recurso al que volveríamos antes de finalizar el viaje (3.700 ¥). 

Después de la cena, a descansar y dormir. Al día siguiente haríamos una ruta muy especial y muy antigua...


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