Nos despertamos con calma, con las piernas doloridas por la caminata del día anterior, pero tranquilos porque este día sería de relax y recuperación.
Tocaba poner rumbo a Shikoku, la cuarta isla más grande de Japón y el objetivo
principal de este viaje.
Una zona que prometía ambiente rural, ritmo pausado y mucha gastronomía
regional.
Tras comprar el desayuno en el konbini, fuimos a la estación de autobuses
donde nos confirmaron el anden de salida.
Aproveché para preguntar si podríamos comer y beber dentro y nos dijeron que
sin problemas, siempre y cuando no oliera mucho (por suerte, los tamago sando
o los onigiris no son un bocadillo de chorizo).
Los autocares también funcionan con mucha puntualidad. Nos hicieron dejar la
mochila grande abajo, puesto que los compartimentos superiores son muy
pequeños, apenas para un bolso de mano, y tomamos asiento en la parte
delantera.
Para entrar a Shikoku, atravesamos primero la isla de Awaji (famosa entre los
fans de Naruto) mediante los dos puentes enormes que la conectan, por un lado
con Honshu y por el otro con Tokushima.
En el segundo de los puentes, es donde se encuentran los famosos Naruto
(remolinos) y, de hecho, ese autocar hace parada allí mismo. Antes del viaje evaluamos si parar o no, pero la verdad es que no nos llamaba mucho y decidimos ir directos a la
ciudad.
La prefectura de Tokushima es famosa por los Naruto, el Valle de Iya y el Awa
Odori, un festival de danza impresionante y mega famoso que se lleva a cabo
cada agosto.
Sin embargo, nosotros veníamos con ganas de explorar un poco más allá de eso,
y ver algunos pequeños rincones de la ciudad que comparte nombre con la
prefectura.
Nuestro hotel se encontraba justo al lado de la estación (aunque tuvimos que
aclararnos un poco con las pasarelas que cruzan las calles, para llegar a él)
así que fuimos a dejar las mochilas en recepción y nos acercamos a comer el
famoso ramen de Tokushima, que suele llevar huevo crudo.
Elegí el restaurante
Yoake
que lleva abierto desde 1952 (lo vi en un documental de la NHK) y, si bien
estaba bueno, no lo encontramos top como otros. De hecho, nos gustó más el
sabor del caldo de otro al que fuimos el último día en la ciudad.
Se nos olvidó pedirlo con huevo, puesto que en ese restaurante no lo ponen de normal. Eso sí, la carne de cerdo
a tiras que venía en el ramen estaba muy buena.
Y lo que empezamos a notar, y se cumpliría muchos días, es que los precios
eran más baratos que en Osaka... Dos ramen por 1.600 ¥.

Tras la comida, nos pasamos por la Oficina de Turismo donde nos recibieron muy
amablemente, pero al preguntar por el mapa en inglés, la chica, que se notaba
que era nueva, tuvo que preguntar a un veterano puesto que no los
encontraba.
Yo me esperaba que, al ser la capital de la prefectura, tuvieran más por la
mano el tema del turismo extranjero pero me dio la sensación, como comprobaríamos esos días, que los
turistas pasaban rápido por la ciudad: El museo del Awa Odori, el monte Bizan
y poco más.
Porque justo es eso lo que me marcó la chica y yo le pregunté por las otras
zonas que había investigado.
De ahí, fuimos paseando hasta el parque de las ruinas del antiguo castillo.
Resultó ser un lugar muy relajante, sin apenas gente y con unos colores
otoñales preciosos.
Detalle de los baños. En esta ciudad se respira y vive Awa Odori por todos
lados. ^_^
No entramos a ver el museo en sí pero sí a la tienda, para comprar el Gojoin
(sello del castillo, 300 ¥) y la entrada a los jardines (50 ¥).
Este jardín está inspirado en los del palacio del periodo Momoyama
(1583-1600) y nos sorprendió que se pudiera pasear también por encima de
los puentecitos de piedra y explorar todos los rincones.
Siempre choca encontrar la paz en estos pequeños lugares, rodeados de
edificios y carreteras.
Al salir seguimos adentrándonos en el parque, no podíamos dejar de admirar y
fotografiar sus árboles con esos colores tan bonitos y vibrantes.
Y llegamos a una zona donde se conserva una antigua locomotora de vapor, que estuvo
operativa de 1923 al 1969, y la conservan como símbolo del desarrollo de la
industria y economía de la zona.
Lo que decidimos no subir a la colina, nuestras piernas solo aceptaban
caminata en llano ese día.
Al rato, salimos por uno de los laterales del parque que daba justo enfrente
de una tienda de dulces tradicionales, recomendada por la Oficina de Turismo
de la prefectura:
Akanean.
Es un local muy tradicional y refinado donde, tras hacer el pedido, te invitan
a sentarte y tomar una bebida de yuzu calentita mientras esperas a que te lo
preparen.
Y eso que nuestro pedido fue simple, solo pedí un dulce de mochi relleno de
anko blanco con yuzu (216 ¥).
La bebida estaba deliciosa, y es que a mí me encanta el sabor del Yuzu. Un
cítrico típico de Japón y en especial de Shikoku, donde se cultivan unas 40
variedades de cítricos y cuya gastronomía gira entorno a ellos. Por ejemplo,
el más típico de Tokushima es el Sudachi.
Con la bolsita de la tienda y una gran sonrisa por el trato recibido, nos
fuimos a la estación a cambiar los JR Pass regionales y, de paso, comprar otro
dulce típico: una especie de manju (bizcochito) relleno de anko blanco
(110 ¥).
Con todo esto, hicimos el check in en el hotel, descansamos un rato y
merendamos los dulces, que estaban buenísimos.
Después decidimos dar una vuelta antes de cenar, para ver "el ambiente comercial" que suele
haber alrededor de las estaciones.
Véase las comillas en lo de ambiente... y es que esa zona de Tokushima nos
recordó a la de Beppu. El centro comercial tenía pocas tiendas abiertas,
alguna planta entera incluso vacía pero a la que, por alguna razón, podías
acceder...
Eso sí, pude comprar una bolsita de té Awa Bancha, único de la zona y muy
especial porque es un té fermentado.
Pero es que la zona del shotengai (calle comercial cubierta) no mejoró el
resultado: muy desangelado y casi todos los locales cerrados, pero cerrado de que ni sabes si está operativo o abandonado.
Así que decidimos irnos a pasear por el río, para ver la iluminación de los
puentes.
Y, de paso, acercarnos al restaurante que me había recomendado mi compi
viajero Javi (que tiene el blog donde explica su
experiencia recorriendo el Shikoku Henro).
Se llama Hayashi no Okonomiyaki, un restaurante pequeñito, de barrio y que recomendamos 100%. ¡Cenamos dos
días ahí porque estaba muy bueno!
Eso sí, cierra pronto. Nosotros llegamos a las 19h. Pero bueno, como no hay
mucho ambiente por las tardes/noches, decidimos cenar pronto esos días y
descansar.
Nos pedimos el nikutama (800 ¥ cada uno) que es el okonomiyaki con
panceta de cerdo y huevo y estaba super bueno. Te lo hacen y te lo traen
a la plancha que hay en tu mesa, para que se mantenga caliente y te lo acabes de
sazonar con algas, mayonesa, más salsa...
Tras disfrutar de la cena, regresamos paseando y, antes de subir al hotel, nos
compramos mi pudding de leche favorito en un konbini a modo de tentempié para más tarde, porque habíamos
cenado muy temprano, y al hotel a charlar con la familia y descansar. Al día
siguiente tocaba una actividad muy chula. ^_^



















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