Este día fue un reto para mí, pero me alegré de haber podido realizar esta
ruta que nos permitió visitar dos lugares top y disfrutar de unos bosques
preciosos en pleno otoño japonés.
Tanto el Katsuo-ji (templo que se ha hecho viral) como la cascada Minoo son
lugares muy famosos y visitados, especialmente en época de momiji.
Pero, a pesar que ambos se encuentran dentro del Parque Natural Minoo (Minō
Kōen) y están conectados por una carretera, a día de hoy no hay
transporte público que los enlace.
Al buscar información, siempre encontraba las siguientes opciones para
visitarlos el mismo día:
- A pie, por la carretera. (No nos apetecía caminar casi una hora al lado de los coches)
- Taxi. (Suele haber fuera del templo, aunque quizás en temporada alta estén más solicitados y haya que llamar)
- Dar una vuelta enorme en diferentes transportes públicos, perdiendo mucho tiempo.
La verdad, me costaba creer que al ser un parque natural no hubiera rutas de
senderismo, así pues, me puse a buscar en inglés pero sobre todo en las webs
oficiales en japonés, y... ¡por supuesto que hay rutas! Y una de ellas justo
enlaza esos dos lugares.
Por si alguien puede estar interesado, compartiré primero las fuentes de
información, y después ya pasaremos al relato del día y las visitas.
En la
web oficial del parque
(usar traductor) tienen varios panfletos y mapas. Entre ellos el mapa
general del parque, donde salen todos los senderos pero que está en
japonés. He hecho una captura de la zona de interés y traducido algunos
nombres de lugares clave que pueden servir para orientarse.
Además, encontré otro panfleto en inglés (ver mapa) donde sale también bastante bien indicado.
Si abrimos el mapa en inglés, vemos que por encima del Katsuo-ji hay una
ruta marcada en verde: "Tokai Nature Trail" que es la ruta a seguir (y en
todos los mapas la marca en el mismo color).
En ese mapa no sale, pero hay un camino que lleva desde la parte superior
del templo (Nikai-do) hasta la ruta verde.
Desde ahí, seguiremos el camino en dirección a "Tokai Nature Trail
Trailhead". En ese punto, se puede alargar dando un rodeo por la azul o,
como hicimos nosotros, acortar por un caminito bien señalizado hacia el
"Minoh Vistor Center".
Desde ahí el tema es un poco más lioso, porque hay que ir por uno de los
senderos de color rosa, que hay muchos, llamados sencillamente "Nature
trail". (O bien acabar el último tramo por la carretera)
Nosotros optamos por la vía rápida, que era el camino rosa que sale más
pegado a la carretera (os dejo el mapa en japonés, que podéis ampliar). Y
durante el relato, dejaremos fotos con las indicaciones a seguir en este
tramo, para que resulte fácil orientarse.
Una vez encontrada esta opción, analicé la dificultad para ver si era
asequible, puesto que no es que nosotros seamos senderistas de normal. Solemos hacer
alguna ruta, no muy difícil, en nuestros viajes y ya.
Además, los que me seguís, sabéis que tengo esclerosis múltiple y, aunque me
encuentro bien en tema movilidad, he de valorar la posible fatiga y alguna
que otra secuela sensitiva que arrastro.
Este año llegaba a tope, haciendo entrenamientos de fuerza, encontrándome
estable de la fatiga... así que me lancé.
Iba a ser una de las rutas más duritas en los viajes que llevamos (aunque
una de Kumano la superó) sobre todo por la distancia, pero me veía con
fuerzas y lo logré.
Si Jordi hubiera ido solo habría tardado menos de las 2:30h que tardamos (haciendo fotos y con calma), pero es que
a mí las subidas me afectan bastante.
Eso sí, esta ruta al final del viaje, ya cansada y con fatiga, ni de coña la
saco.
Para mirar el desnivel y tipo de senderos encontré este
blog en japonés
(usé traductor). Aunque ¡ojo!, que esta
persona lo hace a pie desde la estación de tren del templo. Nosotros subimos
en bus. Además la hizo al revés, que nosotros consideramos que es más dura
porque hay más rato de subida.
También comparte
su ruta e una web/app de senderismo, y ahí se puede ver bien los datos.
Punto rojo: Nikai-do, la zona superior del templo, donde empezamos la ruta.
Punto naranja: La cascada. Y de ahí, ya solo quedaba todo de bajada hasta la
estación (pero lo hicimos tras comer y descansar).
El pico intermedio, antes de la cascada, pertenece al desvío de la ruta azul,
que no hicimos.
Pues ahora sí, empezamos a mostraros el día.
Nos despertamos con calma y fuimos a por el desayuno de rigor al konbini del
hotel donde, además, compramos unos onigiris para la caminata.
Desde Namba tomamos la línea de metro Midosuji, que después se
transforma en la Kita-Osaka Kyuko line, hasta la estación de
Minoh-Kayano.
En ella, desde el anden 8 de la parada de buses, nos subimos al bus que va directo al templo y que
se puede pagar con IC card (800 ¥).
Suele haber entre 2 y 3 buses por hora (según si es o no fin de semana), pero
al ser temporada alta habían puesto un refuerzo y estaba todo muy bien
organizado.
Mientras estábamos en la cola, nos comentaron que podíamos escanear un
QR para pagar las entradas online (de hecho, se puede acceder desde la
web oficial, 500 ¥) y evitar la cola a la llegada.
Nosotros lo hicimos y sí que nos ahorramos bastante cola en la entrada, la
verdad.
Tras mostrar los tickets online, nos dieron las postales para hacer el famoso
rally stamp del templo, que tanto se ha viralizado en internet, junto con el
mapa de las ubicaciones de los sellos.
Nota: El modelo va cambiando según las temporadas. Así se aseguran que, si
repites, tienes un aliciente.
La visión al entrar en el recinto, justo en pleno momiji, ya es preciosa de
por sí. Con la puerta principal teñida de rojo, el lago que alberga el pequeño
santuario Benzaiten...
Jordi no podía parar de hacer fotos, ¡y solo era el inicio!
Además, aunque había mucha afluencia de gente, al ser un recinto amplio, no
tuvimos sensación de agobio.
El Katsuo-ji fue fundado en el siglo VIII por el príncipe Kaijo (con ayuda de dos
monjes que vivían y practicaban el budismo en ese mismo lugar) aunque con otro nombre (Miroku-ji).
Pero, como suele pasar con muchos de estos lugares tan antiguos, la mayoría de
los edificios han sido reconstruidos en el periodo Edo o posterior.
Katsu significa ganar y, por ello, es conocido como un templo de la victoria y de la buena fortuna, siendo venerado por granjeros y comerciantes así
como por grandes clanes de las épocas pasadas, como los Minamoto, Toyotomi y
Tokugawa.
Su símbolo, también viralizado, son los Daruma, esos amuletos que te ayudan a
conseguir tus objetivos. ¡Ojo! No conceden deseos. Sirven para motivarte
a esforzarte y cumplir tus objetivos, ganar en una empresa que te
propongas, sean negocios, estudios...
A lo largo del recinto se pueden ver dos tipos de Daruma.
Los Kachi-Daruma, son los amuletos que se compran (los hay de tamaños muy
dispares), detrás escribes tu propósito y, haciendo una ofrenda de incienso
para bañar el Daruma con su humo, rezas en el edificio principal (ver mapa).
Después de eso, le pintas el ojo izquierdo y te lo llevas a casa. Cuando
logras tu objetivo, le has de pintar el ojo derecho. Por último, si se puede
(entendemos que estando en otro continente difícil...), hay que devolver el Daruma al templo, donde lo exponen hasta finales de año cuando se queman en
una ceremonia.
Los otros Daruma, que se ven a miles, son los Daruma-Mikuji.
Unas pequeñas figuras que traen dentro un papelito de adivinación.
Como los omikuji de los templos, que predicen tu fortuna en varios ámbitos de
la vida, pero, en este caso, no indican la buena o mala suerte, si no que te
aconsejan a modo de oráculo para que interpretes el como debes proceder para
conseguir tus objetivos.
El Daruma te lo puedes llevar o dejarlo en algún rincón del recinto.
Como comentamos, el recinto es enorme, y hay diseñada una ruta del rally stamp
para que lo visites de forma circular. Finalizando otra vez en la entrada
principal.
Sin embargo, nosotros alteramos el orden de los sellos porque saldríamos por
la parte superior del templo para hacer la caminata.
La zona superior, fuera del circuito de los sellos, se encuentra menos
transitada y con unas preciosas vistas al valle, lleno de momiji.
El acceso al Nikai-do, el último edificio en la zona elevada, se hace a través
de un precioso camino lleno de colores otoñales.
En este punto nos paramos a comer los onigiris, en unos bancos cerca de unas papeleras, antes del inicio del sendero.
El primer tramo es una subida un tanto durita, que te deja en el punto F5 del
Tokai Natural Trail (ver el mapa que puse más arriba).
Al poco nos encontramos con una verja cerrando el camino. Resulta que, es para evitar
que bajen animales al templo (entre ellos, posibles osos). En Japón siempre se
recomienda llevar algún cascabel o campana que haga ruido, o ir hablando entre
vosotros, golpear algún palo, etc... para avisar a los animales de tu presencia
y que no haya encuentros no deseados.
Abrimos la doble puerta y la volvimos a cerrar tras nosotros para seguir el
camino y adentrarnos en el bosque, con esos árboles enormes que tanto nos
fascinan.
En este primer tramo tan solo nos cruzamos con un par de senderistas japoneses (que justo llevaban
cascabeles).
Una vez llegas a la ruta principal, hay que seguir en dirección "Minoh Visitor Center" y acabas pasando por la tumba del Príncipe Kaijo.
En un punto del recorrido hay un puente de madera, pero nos lo encontramos
cerrado por rehabilitación, y habían abierto un desvío lateral, por el que
pasamos agarrados a una cuerda.
El resto del camino iba alternando subidas, bajadas (más de éstas, por suerte)
y tramos llanos, tanto de pavimento liso, como con raíces y piedras que hacen
el paso más lento.
El cruce de un puente moderno, sobre la carretera, y la bajada de unas
escaleras marcaban la llegada al "Tokai Natural Trailhead", una zona con
aparcamiento, baños y máquinas de bebidas (donde aprovechamos para reponer
agua) y desde la cual inician otros senderos.
Como comentamos, nosotros no hicimos la ruta azul, que da un rodeo hasta el
Visitor Center. Tomamos el camino recto, que está señalizado, puesto que está
allí mismo.
En esta zona charlamos con un chico inglés, que estaba haciendo nuestra misma
ruta pero en dirección contraria, y fue él quien nos recomendó la ruta rosa que
tomamos.
En el Visitor Center había un par de abuelitos muy mayores que no entendían inglés, pero les pregunté por donde tomar el inicio del camino y nos
acompañaron a la entrada para indicarlo.
La siguiente foto la tomamos desde la entrada del Visitor Center. Solo había
que cruzar la carretera y subir por ese camino que está cerrado al tráfico
(era la antigua carretera y ahora ha quedado como sendero).
Seguimos caminando sobre pavimento, hasta llegar a una gran verja, con la
señal de B27. Ahí traspasamos la verja y continuamos en dirección a "Unrin
Viewpoint". Ahora sí, volviendo a la belleza de los caminos naturales.
Estas rutas ya están algo más concurridas, sobre todo por japoneses, al estar
cerca de la cascada. Bueno, algo más... tampoco os imaginéis las Ramblas. jeje
Al llegar al siguiente cartel tomamos a la derecha, que indicaba el aparcamiento de la cascada, justo nuestro destino.
La bajada la hicimos con cuidado de no resbalar, por la cantidad de hojas que
había, pero el paisaje era realmente precioso. Y yo no me podía creer que
hubiera podido cumplir con todo el recorrido, disfrutando de un entorno
increíble.
Al llegar a la carretera cruzamos para acceder al recinto de la cascada,
deteniéndonos antes en una pequeña tienda que vende "Momiji Tempura", es
decir, las hojas del momiji rebozadas y fritas.
Suena raro pero está muy rico, la verdad. Al final sabe a masa frita y bien
crujiente. jeje. Pillamos un paquetito y comimos algunas, sentados en el
reservado de la tienda (450 ¥), reponiendo fuerzas y con la tranquilidad de
haber llegado a la meta.
Nota: Esta tiendecita está en la zona del parking, si se accede a la cascada a
través del valle, hay que subir hasta la carretera para encontrarla.
De ahí, ya solo tuvimos que bajar unas escaleras para encontrarnos en la
atracción principal del valle:
Dimos una vuelta por la zona, donde hay varios chiringuitos que
venden comida (tanto para comer en el propio chiringuito como para llevar, puesto que hay mesas de
picnic alrededor de la cascada) y al final decidimos entrar en uno que ofrecía
unos menús con muy buena pinta y aún servían a pesar que ya eran las
15h.
Había opciones más baratas, en plan picoteo, pero tras la caminata bien
merecíamos un banquete. jeje ¡Y descansar!
Jordi escogió como plato principal del menú los udon de yuzu y yo el soba de
té verde. Todo estaba muy bueno, pero reconozco que los de yuzu estaban
estupendos (4.200 ¥).
El restaurante era justo el que estaba al lado de las cascadas:
Furaibo Teahouse. Decimos era, porque a la semana o así ¡se quemó! Y por ahora sigue
cerrado. Ojalá puedan reabrirlo, porque comimos genial.
Tras comer con calma, la idea inicial era esperar hasta que cayera el sol, porque en
otoño iluminan la cascada y varios puntos del valle.
Y lo intentamos... pero empezó a caer la temperatura en picado (es lo que
tienen los valles) y, al estar parados, pillamos frío.
Al final, decidimos renunciar y empezar a bajar por el sendero tranquilamente, sacando fotos (puesto que aún nos quedaban unos 2,6 km hasta la estación), para
entrar en calor.
Al llegar a la altura del Ryuan-ji, un templo con varios edificios muy
bonitos, empezaron a encenderse las luces y nos paramos a disfrutar un poco
del espectáculo.
Desde ahí, te ibas encontrando algunos rincones iluminados.
Pequeños senderos que llevaban a ryokans y cafeterías... La verdad es que parece un rincón de ensueño, bien cerquita de la bulliciosa Osaka.
Un desvío a un santuario...
Y con estos colores finalizaba nuestro día de senderismo.
Una vez llegados a la estación tocaba tomar el tren
y hacer trasbordo en Umeda hasta Namba.
Al llegar al hotel mandamos las maletas al siguiente destino, salimos a
localizar la parada del bus para el día siguiente (y menos mal, porque está
dentro de un edificio y costó un poco ubicarse) y ¡a cenar al Sushiro!
Esta vez, tenía localizados algunos sushiro que, en vez de la tablet pequeña,
tienen pantallas enormes en las que, a parte de pedir, puedes jugar a un juego
y ganar algunos premios.
A nosotros nos tocó un platito de cerámica para los palillos, muy chulo. Y con la coña del juego, nos pusimos las botas, a reventar. jajaja (5.270 ¥).
Dimos una pequeña vuelta por la zona, intentando encajar el bullicio de Osaka,
y me encontré con una colección de gachapones de Kitsunes... Ésta sería la
colección del viaje jeje, cada vez que los encontraba (costó porque estaban en pocos lados) intentaba sacar un par.
Ahora sí, muy orgullosa del día vivido y de mis logros físicos, nos fuimos a
dormir y, sobre todo, a reposar las piernas.
Por suerte, el día siguiente era mayormente de traslado y bastante
tranquilo.


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