18 de mayo de 2026

Rumbo a Iya Valley: Kazurabashi y relax en el ryokan

Este día nos adentraríamos en el remoto valle de Iya, famoso por sus puentes de lianas de vid, todo un símbolo de la región de Tokushima.

Iya Valley

Para llegar a él teníamos que tomar dos trenes y un bus (los horarios de los cuales había comprobado bien, antes del viaje, para cuadrarlos lo mejor posible). 
Antes nos compramos el desayuno y unos onigiris que dejaríamos para la noche, puesto que la cena sería muy temprano y quizás nos entraría el gusanillo a última hora. 

En Shikoku circulan varios trenes de Anpanman, un superhéroe infantil que acompaña a los niños japoneses desde los años 70 y que sigue teniendo mucho éxito con los más pequeños. 
El autor era de esta región, concretamente de Kochi, y de ahí que los personajes de la serie inunden la isla. 
Estos trenes circulan ciertos días de la semana (normalmente fines de semana y festivos), temporadas altas y a ciertas horas. Y, al consultar por curiosidad la web oficial, me di cuenta que íbamos a coincidir con dos ese día. 
Estos trenes tienen unos vagones especiales, tematizados e incluso alguno con zona de juegos, que se han de reservar con antelación y no entran en los JR Pass. Sin embargo, hay algunos vagones del tren, no tematizados, que son para la gente que va sin reserva. 
Fue muy bonito ver como el anden estaba lleno de familias y niños pequeños esperando, emocionados, la llegada del tren. 


Nos asomamos a su vagón, para ver lo chulo que era con sus zonas de juegos, pero no hicimos fotos por respeto a la intimidad de los pequeños. 
Que, por cierto, la mayoría de ellos hicieron doblete al hacer el trasbordo y subir en el siguiente Anpanman train, con destino a Kochi. jeje
El mismo tren que tomamos también nosotros, solo que nos bajamos antes, en Oboke. 

En esta pequeña estación, al lado del valle, te recoge el bus que recorre éste. Confirmamos los horarios en un panel (nada intuitivo) junto con otros visitantes, puesto que allí no había nadie a quien preguntar, e hicimos algunas fotos alrededor mientras esperábamos. 

Iya Valley

El bus se paga en efectivo y, además, en ese momento no aceptaba los billetes nuevos (Japón estaba, en el momento de este viaje, en proceso de cambiar sus billetes y no todas las máquinas estaban preparadas). Por suerte, teníamos alguno de los antiguos, pero para la vuelta pedimos al ryokan que nos cambiaran otros para poder usarlos. 
Tras algo menos de 30 minutos de trayecto, el bus nos dejó justo en frente de nuestro alojamiento (ver post) que, si bien por fuera es de aspecto moderno, por dentro resultó ser una pasada, sobre todo la zona de baños termales. 

Iya Valley

Como aún no era la hora de entrada, nos guardaron las mochilas, nos confirmaron las horas de la cena, desayuno y del tour nocturno al que nos habíamos apuntado, y nos dejaron reservar el rotenburo privado para la hora que quisiéramos, puesto que aún no había ninguna reserva para ese dia. 
Después, confirmamos con ellos la ruta para ir a pie hasta el puente Kazurabashi (unos 10 minutos por carretera), y para allí que nos fuimos. 

Iya Valley

Primero pasamos por un edificio moderno enorme que alberga una zona de restauración y tienda con productos típicos, así como el parking para los coches y autocares. A partir de ahí, todo el mundo ha de descender a pie un pequeño tramo de carretera hasta el puente. 
Había mucha gente porque, de los tres puentes que se conservan en el valle (antiguamente llegaron a ser hasta trece), éste es el mas accesible y donde vienen todos los tours. 

Iya Valley

La historia de estos puentes no queda clara, pero una de las leyendas dice que fueron creados por refugiados del clan Taira (Heike), tras su derrota en las guerras Genpei a finales del s.XII., que se habrían retirado a las profundidades del valle en Shikoku, por ser una zona aislada y de difícil acceso. También dicen que, en caso necesario, podrían cortar las lianas para aislarse. 

Lo cierto es que, en el pasado, eran el principal medio para cruzar el río. Ahora bien, que no cunda el pánico, a día de hoy están anclados a unos cedros bien robustos y cuentan con cables de acero por en medio de las lianas que, como curiosidad, cambian y renuevan cada tres años. 

El puente de esta zona se llama Iya Kazurabashi y es el más grande de los tres (45 m de largo y 14 m de alto), aunque creo que me dio más impresión uno de los que cruzaríamos al día siguiente (casi del mismo tamaño), porque en este, los peldaños estaban más juntos y, quizás, al haber tanta gente no me dio la sensación de ser tan largo. 

Iya Valley

Solo se puede cruzar en una dirección y cuesta 550 ¥. Ojito, los que tengáis vértigo como yo, porque además se mueve y balancea. 
Nosotros esperamos un poco, a que se vaciara de grandes grupos, para que hubiera menos movimiento.

Mi cara de: "Venga, ahí voy."  

Iya Valley

¡Pero que no os engañe! Aquí Jordi, haciéndose un selfie donde salgo yo agarrada con las dos manos y cruzando el puente muy poco a poco. jaja En fin, que no se diga que no me enfrenté a mis miedos.

Iya Valley

Justo a unos pocos metros, hay una cascada que, por el motivo que sea, mucha gente ignora y no se acercan a ella. 

Iya Valley

De subida, nos paramos para comer en un chiringuito que hay en la cuesta. Aunque, hay restaurante en el complejo del parking, nosotros teníamos claro que queríamos comer ahí. ¿El motivo? Este lugar salió en un capítulo de "Soy Mayor" (Hajimete no otsukai) en Netflix y nos hacía ilusión. 

Iya Valley
Iya Valley

Comimos unos niku udon y probamos el dekomawashi, una brochetas típicas de la zona que llevan: patata, albóndiga de trigo sarraceno (soba-dango), tofu firme y konjac. Todo ello untado con miso que, en ese caso, tenía un toque de yuzu.  
Estaba todo muy bueno y la brocheta tenía un punto ácido muy rico. 

Iya ValleyIya Valley

Eso sí, el lugar es muy self-service. Pides lo que vas a comer, las brochetas te las dan donde las asan, coges vasos de papel y servilletas, pillas agua en una fuente que tienen y te sientas donde puedes. Luego te van llamando para que vayas a recoger los platos calientes que hayas pedido. Después recoges todo y siguiente cliente. 
Sin muchas comodidades, pero todo muy rico y con buenas vistas. 

De postre me cogí una brocheta de yakidango de artemisa con miso de yuzu (la artemisa se ha convertido en uno de mis sabores favoritos para los dangos y mochis). 
Toda la comida nos costó 2600 ¥, más 500 ¥ del heladito de fresas con leche condensada, que se tomó Jordi en la zona comercial, donde aprovechamos para hacer algunas compras de productos típicos, sobre todo con yuzu, para la familia. 

Iya Valley
Iya Valley

Nos volvimos paseando con calma hasta el alojamiento (el bus de la zona nos podría llevar entre este punto y el hotel, pero la frecuencia es baja), hicimos el check-in, disfrutamos un ratito de la habitación tomándome un té muy especial del valle (Oboke Meicha), y a las 16 h nos subimos, enfundados en los yukatas, a la zona de baños termales para disfrutar del rotenburo privado. 

Iya ValleyIya Valley

Subimos, de forma literal, en un pequeño funicular de madera super cuqui. jeje


El baño al aire libre privado es una maravilla. El más grande en el que hemos estado y con unas vistas al valle brutales. 


Después, pasamos un ratito por el baño de pies, también con vistas al valle. 

Iya Valley

Y a tomarme otro tecito, dentro de la casita de descanso con el irori encendido. De verdad, que la zona de baños de este alojamiento es de ensueño. 

Iya Valley

A las 18 h tocaba bajar a cenar. Reservamos el primer turno porque teníamos el tour nocturno a las 20 h. 
La sala era preciosa, con las mesas hundidas en el suelo. Lamentablemente, poco tiempo después de nuestra visita, reformaron el comedor y ahora son mesas altas, aunque conservan la zona de hacer la brasa. (Probablemente, para alegría de los camareros, que tenían que agacharse al suelo y levantarse constantemente cuando servían las comidas. Y quizás, también, pensando en clientela mayor, con problemas para agacharse)

Iya Valley

La cena nos gustó mucho. Como es típico de este tipo de establecimientos, con muchos productos de la zona: dekomawashi, soba de iya, pescados de río (ayu)...
También un poco de carne wagyu además de un pudding que estaba increíble.


Jordi dice que ha sido de sus menús de ryokan favoritos hasta el momento. Y la atención de los camareros fue estupenda. 
El de nuestra mesa respiro tranquilo al ver que podría darme la explicación en japonés. jeje Porque, aunque te dan una hoja en inglés, con todo lo que vas a comer, ellos te explican el como. 
Además, en un momento dado, se acercó el camarero de otra mesa para hablar con nosotros, porque es ciclista y sigue la Vuelta a España. Se interesó en nuestro país y pidió consejos para venir aquí de viaje. jeje Fue muy divertido. 

Para rematar la velada, la okami san (la dueña del ryokan), preciosa en su kimono, nos deleitó con una canción tradicional que cantan en el valle en época de cosecha. 
Después se pasó a saludar por cada mesa y despedía a cada comensal al retirarnos de la sala. 
Nos quedamos alucinando con el trato tan exquisito. 

Pero el día aún no había acabado, ¡ni de lejos!
A las 20 h, unos pocos huéspedes, nos subimos al autobús más especial en el que he viajado: 

Iya Valley

¡¡¡Menuda reliquia más guapa!!! 
Al parar en la zona del puente (donde nos dejó un rato para sacar fotos) le pregunté al conductor y el bus es del 1962. En activo desde entonces. Y él llevaba muchos años manejándolo. Por cierto, le hizo ilusión nuestro interés en el vehículo, se le veía orgulloso. ^_^

Iya Valley

Nosotros veníamos a hacerle fotos al puente y la cascada iluminados, pero no esperábamos hacerle también fotos a otra joya. jeje  

Iya Valley

Por cierto, a estas horas no se puede cruzar el puente, obviamente cerrado, pero merece la pena venir porque está muy bonito con las luces y sin nadie encima de él. 
Además, a esa hora solo estábamos los de nuestro hotel que habíamos venido en el bus. 

Iya Valley
Iya Valley

De regreso al alojamiento, nos subimos de nuevo a la zona de onsen, esta vez para ir a los públicos. 
Eran las 21 h y no contaba con estar solos (cada cual en el suyo correspondiente, puesto que son segregados) ya que, en otras ocasiones, para estar sin gente hemos ido pasadas las 22 h. 
¡Pero sí pudimos disfrutarlos a solas! Al menos la mayor parte del tiempo, yo coincidí con dos chicas un breve rato. 

Iya Valley

Como no había nadie, nos aventuramos a hacer unas fotos, algo que no se puede hacer normalmente, por privacidad de las personas (por si alguien no lo sabe todavía, en estos baños termales uno va desnudo). 

Iya Valley

El ambiente en esta zona, con la iluminación nocturna, era una maravilla. Tanto, que me paré a disfrutar de otro té en la salita. Ya hace tiempo que tengo asumido que, con tanto té rico, las noches de los ryokan mucho no duermo. jaja  

Iya Valley
Iya Valley

Ahora sí, tocaba ir a dormir un poco, o intentarlo, porque yo tenía claro que iba a madrugar para ir otra vez, a primera hora antes del desayuno, a los baños termales. 



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