28 de mayo de 2026

Excursión a Aki y las cuevas de Ioki

Este día aún teníamos activo el pase de tren regional. Así pues, busqué posibles excursiones cerca de la ciudad de Kochi y nos decidimos por dos pueblos de costa que prometían visitas muy diferentes. 
Entre ambas tendríamos historia, naturaleza y gastronomía de la zona. Una combinación que sonaba interesante. 

Aki

A la hora de decidir que pueblos visitar, me ayudó la opinión de mi compi viajero Javi, que justo había pasado por ahí en su peregrinaje de los 88 templos y guardaba buen recuerdo de esas dos pequeñas localidades. 

Ese día lo empezamos bien prontito, desayunando en el hotel, y tomando el tren rumbo a Aki, la primera de nuestras paradas para ese día. 
Todo el trayecto discurre por la costa, con vistas al océano. 

Aki

Al llegar a la estación de Aki, comprobamos que faltaba bastante para que pasara el bus local por ahí (tiene baja frecuencia) y que llegaríamos antes a pie (unos 25 min de paseo) a la zona antigua. 
Javi lo hizo en bici, puesto que tienen un servicio de alquiler gratis super conveniente, pero yo no se montar apenas y no iba a arriesgarme a una lesión durante el viaje.
Así pues, nos pusimos crema solar, porque el sol pegaba fuerte y el recorrido tenia poca sombra porque era por zonas de campos, y nos fuimos paseando hasta nuestra primera visita. 

Aki

Todo el trayecto es en plano, y el primer tramo básicamente son campos con invernaderos y algunas casas, rodeados por carreteras. 
Allí nos paró un abuelillo muy risueño para preguntar a donde íbamos. Eso sí, en perfecto japonés y con un acento regional muy cerrado que me costó entender al principio, pero con paciencia y sonrisas logramos conversar. 
Él, muy amablemente, nos indicó como llegar hasta el lugar, paso a paso. Y sí, Google Maps nos estaba llevando igual, pero si un entrañable abuelillo me quiere ayudar, yo sonrío, escucho pacientemente asintiendo y le doy las gracias por su su ayuda y su tiempo. ^_^
Al final del día, estos gestos y estas interacciones, son las que aportan alma al viaje. 

Retomando el camino, acabamos llegando a una zona más residencial donde se alternan, rodeadas por canales de agua, casas tradicionales con modernas. 

Aki

Son calles estrechas por donde también pasan coches. Hay que estar atento e intentar apartarse para ceder el paso. 
Los conductores siempre nos daban las gracias con una pequeña reverencia. Y es que no cuesta nada visitar los lugares sin molestar a los locales. 

Aki

Este paseo, y de hecho el resto de las visitas del día, lo hicimos prácticamente solos y, por la forma en que se nos quedaban mirando y saludaban, daba la sensación que mucho occidental no suele pasarse por la zona. 

Al poco, llegamos al primer punto de interés y todo un símbolo de la localidad: el reloj Nora Dokei:
 
Aki

Esta impresionante estructura fue creada por Genma Hatakenaka. No era relojero de formación pero se propuso recrear un reloj de fabricación estadounidense hasta que logró replicar sus mecanismos mediante repetidos intentos y errores. El reloj de cuatro caras se terminó en la década de 1880 y solo se puede contemplar desde fuera, puesto que la casa es de un particular. Hoy en dia, parece ser que el reloj no está operativo.

Aki

Por cierto, nos sorprendió mucho encontrar un panel con un código QR que te lleva a una guía interactiva de la localidad, con explicaciones en inglés de todos los puntos turísticos, restaurantes, tiendas... además de encontrarnos paneles en inglés en varios de los lugares de interés, explicando detalles de historia y arquitectura. 
Es increíble que una pequeña población como Aki estuviera más preparada en este aspecto que otras ciudades grandes o lugares más visitados. 


Justo enfrente del reloj está la antigua campana anti incendios, y un poco más arriba llegamos al distrito de Doi Kachu, donde se conservan varias residencias samurái de la época feudal que rodeaban el castillo que había en la zona.

Aki

Esta zona fue establecida por la familia Goto, clan gobernante de la región, y no solo se conservan algunas casas, también varios muros, algunos de piedra y otros de bambú (no tan típicos de ver). 

Aki
Aki

La mayoría de casas son propiedad privada, pero hay una que sí se puede visitar y de forma gratuita: La Residencia Nomura.

Aki

No había nadie, pero se podía pasar libremente y explorarla con tranquilidad. 
Eso sí, hay que descalzarse para la zona interior de la casa. 

Aki
Aki

Jardines, cocina... te puedes pasear por todos los rincones. 

Aki

Al lado se encuentra el recinto del antiguo castillo, del que apenas quedan unos pequeños muros. 

Aki

Al entrar encontramos la antigua residencia del clan Goto, pero no se puede visitar. 

Aki

Subimos a la colina donde estaba situada la torre del castillo, aunque hoy en dia apenas quedan unas piedras por el camino y en la cima no hay nada, solo una bandera que indica el lugar. 

Aki

Tampoco es que haya vistas, puesto que las tapa el bosque, pero al menos no es mucha subida y la sombra se agradeció. 

Aki

Regresando a la parte baja del recinto, nos encontramos con un pequeño santuario.

Aki

Y con dos museos, cuya entrada combinada cuesta 550 ¥. El de historia y folklore de Aki y el de caligrafía. 

Aki

No se pueden hacer fotos dentro y las exposiciones están todas en japonés, pero en el de historia se pueden ver objetos antiguos, relacionados con la ciudad y con varios personajes importantes del lugar, como el fundador de Mitsubishi.
El de caligrafía quizás tenga menos interés, a menos que entiendas del tema, pero por unos pocos yenes más podías ver diferentes estilos de escritura y, de paso, saber que estás ayudando a conservar todo el vecindario (recordemos que la casa samurái era gratis). 
Además, nos regalaron unos pañuelos (en el de historia) y unos puntos de libro (en el de caligrafía) muy bonitos, con las mascotas del lugar. Y les dejé escrita la sugerencia de añadir las explicaciones de los objetos expuestos en inglés. Quien sabe si, en un futuro, lo incorporen. 

Como hemos comentado, el fundador de Mitsubishi es originario de Aki y su casa se puede visitar, pero quedaba a 20 minutos más a pie, alejándonos aún más de la estación. 
Así pues, decidimos dejarla fuera de la ruta para poder comer e ir al siguiente destino. 

Para comer tenía fichado un restaurante local, cerca del castillo: Kachuu Furusatokan.
Resultó tener una sala muy acogedora, con un jardín bonito y unas mujeres mayores muy amables llevando el negocio.

Aki
Aki

Leí, en la web de la ciudad, que recomendaban su curry de berenjena casero y siendo yo fan del curry ¡no podía fallar!
Los dos nos pedimos el menú de curry y un zumo de yuzu y ¡estaba todo buenísimo! 

Aki
Aki

Eso, más un helado de yuzu (para refrescarnos el camino a la estación) nos costó 3.020 ¥.
Otro plato típico de la región es el chirimen (una especie de mini sardinas que las pueden servir hervidas o secas) y también era un destacado del restaurante, pero preferimos el curry. 

Si vais por la zona os recomendamos comer ahí. Eso sí, hay que ir pronto a comer, porque cierran a las 14:30 h.

Aki

Volvimos a la estación y tomamos el tren para bajarnos en la siguiente parada: Ioki (A la que llamé Loki mucho tiempo, hasta darme cuenta que era una I jajaja). En este punto hay que vigilar, porque solo los trenes locales paran en Ioki, no los exprés.
Tras bajar en el apeadero, porque es lo que es, caminamos 5 minutos hasta la Oficina de Turismo de la Ioki Cave, que resulto ser un pequeño chiringuito, en el que no había nadie a esas horas, donde pude poner unos sellos (de murciélagos) muy monos a mi libreta y donde uno podía tomar prestadas unas botas de agua para la excursión. 
Pero nosotros ya íbamos bien equipados, nada de chanclas o zapatitos finos. Con nuestras bambas de senderismo impermeables íbamos perfectos. 

Ioki

Allí mismo también hay un parking para bastantes vehículos, con lo que suponemos que en fin de semana o vacaciones puede que haya turismo interno y más afluencia de gente. 
Nosotros íbamos a estar solos.

¿Donde? Pues en las cuevas Ioki, un paraje singular, declarado Monumento Natural Nacional. 

Ioki

El primer tramo es un túnel de 40 metros de largo, 3 metros de ancho y 5 metros de alto, con conchas fosilizadas incrustadas en las paredes rocosas. La erosión de las olas del océano esculpió esta cueva hace años, cuando la zona estaba rodeada por el mar.
Además, en ella viven murciélagos y, por tanto, se prohíbe el uso de focos y flashes para no molestarlos. 
A esas horas estaban descansando, pero creo que en una de las fotos con zoom, que hicimos hacia el techo, se vislumbran escondidos en los huecos de la roca. 

IokiIoki

Después vas a salir a un cañón cuyas paredes están recubiertas por más de 40 especies de helechos. De repente, ¡estábamos en la selva!

IokiIoki

El ponerse botas o calzado bueno de senderismo es por el riachuelo que recorre el cañón y porque puede haber serpientes (aunque nosotros no vimos ninguna). 
Para quienes hayan dicho: ¡¿Serpientes!?
A ver, que en mi pueblo, una aldea de Galicia, también las hay. La diferencia es que en Ioki Cave te lo dicen. jajaja. 

Ioki

En la web de Turismo vimos un mapa de una pequeña ruta de senderismo y dijimos: ¿Por que no?
Nos fuimos adentrando en el cañón, por tramos en los que las botas de agua no servirían ya que se necesitaba agarre para no patinar.
De verdad, que no parecía Japón.

Ioki
Ioki

El sendero de pronto empezó a dejar de ser terreno llano y hacer desniveles. Y ojo al siguiente vídeo, subid el audio, porque mientras grababa pensaba: Ya se que melodía le voy a poner cuando lo publique. ¡Pues no hizo falta! jajaja


Tras pasar por una pequeña cascada, el camino se complica. Toca subida...

IokiIoki

Y sortear piedras y trepar, literalmente en mi caso. Pero despacito llegamos bien. 


El bosque en la parte alta... precioso. 

Ioki

Después de llegar arriba sales a unas calles rurales por las que hay que ir bajando, dirección a la estación, pero eso no nos privó de unas vistas al mar muy bonitas. 

Ioki

Y de pasar al lado de campos de cosmos, ¡preciosos! ¡No sabía que estarían en flor!

Ioki
Ioki

Al llegar a la estación aún teníamos algo de tiempo y decidimos explorar una estructura enorme de hierro que estaba justo enfrente. 
¿Que se suponía que era semejante armatoste? Pues bien, ¡un refugio para tsunamis! Ponía que aguantaba hasta olas de 9 m... Estaba bien saberlo, porque la verdad es que muchos más lugares altos alrededor no había.

Ioki

Tomamos el tren de vuelta a Kochi, y al llegar fuimos a comprar unos pases de bus para el día siguiente (daremos la info en el siguiente post) y algo para merendar porque la caminata había abierto el hambre. 
Y para la merienda, me fijé en un puestecillo que había abierto en el vestíbulo de la estación (por la mañana, cuando pasamos por ahí, estaba cerrado), lleno de dulces japoneses. 
Tenía todo una pinta.... Jordi se pilló un daifuku mochi de mikan (mandarina) y yo warabimochi (mochi con harina de sésamo tostada) que me encanta, por 1.060 ¥.

KochiKochi

Estaba todo muy bueno. Tanto, que yo regresaría al día siguiente. jeje. 

Kochi

Nos acercamos al hotel para poner lavadoras y descansar un poco la pierna puesto que, tras la caminata, la que tengo secuelas de brote de la EM me estaba dando un poco por saco, pero nada que no se solucione con calma y un poco de reposo. 

De paso, empezamos a mirar las opciones para cenar y Jordi se decidió por ir a probar las gyozas típicas de la región. ¿Que tienen de especial? Pues que le echan ajo. Y es que, por lo visto, es un condimento que les encanta en Kochi. 

Buscando en internet, encontré un lugar muy típico de la zona llamado Yasube. 
Tienen varios locales, uno de ellos en el mercado Hirome, pero primero nos pasamos a ver la ubicación original, de cuando solo eran un Yatai (puesto callejero). 

Kochi

Este local, sigue a la intemperie y había cola. Tiene un aire muy retro, pero pegaba rasca y, aunque venden ramen, nosotros solos queríamos gyozas, así que no entraríamos en calor con el caldito...
Como sabía que el otro local estaba muy cerca, fuimos a ver y no había cola, así que ¡p'adentro!

Kochi

Nos tocó en la barra, justo delante de donde hacen las gyozas. Y había un chico haciéndolas sin parar junto con un cartel que ponía que, si te gustaban, se lo hicieras saber para animarle. 
Pedimos unas primeras rondas, con y sin ajo, y estaban brutales, sobre todo las de ajo. Así pues, tocaba hacer dos cosas: Pedir más y decirle al cocinero que estaban muy buenas (cosa que agradeció con una sonrisa) jeje. 

Kochi

Al final cayeron: 1 ración de edamame (con un aliño muy bueno) y 6 raciones de gyozas (son de las pequeñas, que llaman "hito kuchi", de un bocado), por 3.500 ¥.

Kochi

Y con el antojo de gyozas saciado, volvimos al hotel a dormir. Al día siguiente, exploraríamos algunos lugares históricos de la ciudad y sería intenso. 


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