Este día aún teníamos activo el pase de tren regional. Así pues, busqué posibles
excursiones cerca de la ciudad de Kochi y nos decidimos por dos pueblos de
costa que prometían visitas muy diferentes.
Entre ambas tendríamos historia, naturaleza y gastronomía de la zona. Una
combinación que sonaba interesante.
A la hora de decidir que pueblos visitar, me ayudó la opinión de mi compi
viajero Javi, que justo había pasado por ahí en
su peregrinaje de los 88 templos y guardaba buen recuerdo de esas dos pequeñas localidades.
Ese día lo empezamos bien prontito, desayunando en el hotel, y tomando el tren
rumbo a
Aki,
la primera de nuestras paradas para ese día.
Todo el trayecto discurre por la costa, con vistas al océano.
Al llegar a la estación de Aki, comprobamos que faltaba bastante para que pasara el bus local por ahí (tiene baja frecuencia) y que llegaríamos antes a pie (unos 25 min de paseo) a
la zona antigua.
Javi lo hizo
en bici, puesto que tienen un servicio de alquiler gratis super conveniente, pero yo
no se montar apenas y no iba a arriesgarme a una lesión durante el viaje.
Así pues, nos pusimos crema solar, porque el sol pegaba fuerte y el recorrido tenia poca sombra porque era por zonas de campos, y nos fuimos paseando hasta nuestra primera visita.
Todo el trayecto es en plano, y el primer tramo básicamente son campos con
invernaderos y algunas casas, rodeados por carreteras.
Allí nos paró un abuelillo muy risueño para preguntar a donde íbamos. Eso
sí, en perfecto japonés y con un acento regional muy cerrado que me costó
entender al principio, pero con paciencia y sonrisas logramos conversar.
Él, muy amablemente, nos indicó como llegar hasta el lugar, paso a paso. Y
sí, Google Maps nos estaba llevando igual, pero si un entrañable abuelillo me quiere ayudar, yo
sonrío, escucho pacientemente asintiendo y le doy las gracias por su su ayuda
y su tiempo. ^_^
Al final del día, estos gestos y estas interacciones, son las que aportan alma
al viaje.
Retomando el camino, acabamos llegando a una zona más residencial donde se
alternan, rodeadas por canales de agua, casas tradicionales con modernas.
Son calles estrechas por donde también pasan coches. Hay que estar
atento e intentar apartarse para ceder el paso.
Los conductores siempre nos daban las gracias con una pequeña reverencia. Y es que
no cuesta nada visitar los lugares sin molestar a los locales.
Este paseo, y de hecho el resto de las visitas del día, lo hicimos prácticamente solos y,
por la forma en que se nos quedaban mirando y saludaban, daba la sensación que
mucho occidental no suele pasarse por la zona.
Al poco, llegamos al primer punto de interés y todo un símbolo de la
localidad: el reloj Nora Dokei:
Esta impresionante estructura fue creada por Genma Hatakenaka. No era relojero
de formación pero se propuso recrear un reloj de
fabricación estadounidense hasta que logró replicar sus mecanismos mediante repetidos intentos y errores. El reloj
de cuatro caras se terminó en la década de 1880 y solo se puede contemplar
desde fuera, puesto que la casa es de un particular. Hoy en dia, parece ser que el reloj no está operativo.
Por cierto, nos sorprendió mucho encontrar un panel con un código QR que te
lleva a una guía interactiva de la localidad, con explicaciones en inglés de
todos los puntos turísticos, restaurantes, tiendas... además de encontrarnos paneles en inglés en varios de los lugares de interés,
explicando detalles de historia y arquitectura.
Es increíble que una pequeña población como Aki estuviera más preparada en este aspecto que
otras ciudades grandes o lugares más visitados.
Justo enfrente del reloj está la antigua campana anti incendios, y un poco
más arriba llegamos al distrito de Doi Kachu, donde se conservan varias
residencias samurái de la época feudal que rodeaban el castillo que había en la zona.
Esta zona fue establecida por la familia Goto, clan gobernante de la región, y no
solo se conservan algunas casas, también varios muros, algunos de piedra y otros de bambú (no tan típicos de ver).
La mayoría de casas son propiedad privada, pero hay una que sí se puede
visitar y de forma gratuita: La Residencia Nomura.
No había nadie, pero se podía pasar libremente y explorarla con
tranquilidad.
Eso sí, hay que descalzarse para la zona interior de la casa.
Jardines, cocina... te puedes pasear por todos los rincones.
Al lado se encuentra el recinto del antiguo castillo, del que apenas quedan
unos pequeños muros.
Al entrar encontramos la antigua residencia del clan Goto, pero no se puede
visitar.
Subimos a la colina donde estaba situada la torre del castillo, aunque hoy en dia apenas
quedan unas piedras por el camino y en la cima no hay nada, solo una bandera
que indica el lugar.
Tampoco es que haya vistas, puesto que las tapa el bosque, pero al menos no es mucha subida
y la sombra se agradeció.
Regresando a la parte baja del recinto, nos encontramos con un pequeño
santuario.
Y con dos museos, cuya entrada combinada cuesta 550 ¥. El de historia y folklore
de Aki y el de caligrafía.
No se pueden hacer fotos dentro y las exposiciones están todas en japonés, pero en el
de historia se pueden ver objetos antiguos, relacionados con la ciudad y con
varios personajes importantes del lugar, como el fundador de Mitsubishi.
El de caligrafía quizás tenga menos interés, a menos que entiendas del tema,
pero por unos pocos yenes más podías ver diferentes estilos de escritura y, de paso, saber
que estás ayudando a conservar todo el vecindario (recordemos que la casa
samurái era gratis).
Además, nos regalaron unos pañuelos (en el de historia) y unos puntos de libro
(en el de caligrafía) muy bonitos, con las mascotas del lugar. Y les dejé
escrita la sugerencia de añadir las explicaciones de los objetos expuestos en inglés. Quien sabe si,
en un futuro, lo incorporen.
Como hemos comentado, el fundador de Mitsubishi es originario de Aki y su casa
se puede visitar, pero quedaba a 20 minutos más a pie, alejándonos aún más de
la estación.
Así pues, decidimos dejarla fuera de la ruta para poder comer e ir al
siguiente destino.
Para comer tenía fichado un restaurante local, cerca del castillo: Kachuu Furusatokan.
Resultó tener una sala muy acogedora, con un jardín bonito y unas mujeres
mayores muy amables llevando el negocio.
Leí, en la web de la ciudad, que recomendaban su curry de berenjena casero y
siendo yo fan del curry ¡no podía fallar!
Los dos nos pedimos el menú de curry y un zumo de yuzu y ¡estaba todo
buenísimo!
Eso, más un helado de yuzu (para refrescarnos el camino a la estación) nos
costó 3.020 ¥.
Otro plato típico de la región es el chirimen (una especie de mini sardinas
que las pueden servir hervidas o secas) y también era un destacado del
restaurante, pero preferimos el curry.
Si vais por la zona os recomendamos comer ahí. Eso sí, hay que ir pronto a
comer, porque cierran a las 14:30 h.
Volvimos a la estación y tomamos el tren para bajarnos en la siguiente parada: Ioki
(A la que llamé Loki mucho tiempo, hasta darme cuenta que era una I jajaja). En este punto hay que vigilar, porque solo los trenes locales
paran en Ioki, no los exprés.
Tras bajar en el apeadero, porque es lo que es, caminamos 5 minutos hasta la
Oficina de Turismo de la Ioki Cave, que resulto ser un pequeño chiringuito, en
el que no había nadie a esas horas, donde pude poner unos sellos (de murciélagos) muy monos a mi
libreta y donde uno podía tomar prestadas unas botas de agua para la excursión.
Pero nosotros ya íbamos bien equipados, nada de chanclas o zapatitos finos. Con
nuestras bambas de senderismo impermeables íbamos perfectos.
Allí mismo también hay un parking para bastantes vehículos, con lo que
suponemos que en fin de semana o vacaciones puede que haya turismo interno y más
afluencia de gente.
Nosotros íbamos a estar solos.
¿Donde? Pues en las cuevas Ioki, un paraje singular, declarado Monumento
Natural Nacional.
El primer tramo es un túnel de 40 metros de largo, 3 metros de ancho y 5
metros de alto, con conchas fosilizadas incrustadas en las paredes rocosas. La
erosión de las olas del océano esculpió esta cueva hace años, cuando la zona
estaba rodeada por el mar.
Además, en ella viven murciélagos y, por tanto, se prohíbe el uso de
focos y flashes para no molestarlos.
A esas horas estaban descansando, pero creo que en una de las fotos con zoom, que hicimos hacia el techo, se vislumbran escondidos en los huecos de la roca.
Después vas a salir a un cañón cuyas paredes están recubiertas por más de 40
especies de helechos. De repente, ¡estábamos en la selva!
El ponerse botas o calzado bueno de senderismo es por el riachuelo que
recorre el cañón y porque puede haber serpientes (aunque nosotros no vimos
ninguna).
Para quienes hayan dicho: ¡¿Serpientes!?
A ver, que en mi pueblo, una aldea de Galicia, también las hay. La diferencia es
que en Ioki Cave te lo dicen. jajaja.
En la
web de Turismo
vimos un
mapa de una pequeña ruta de senderismo y dijimos: ¿Por que no?
Nos fuimos adentrando en el cañón, por tramos en los que las botas de agua no servirían ya que se necesitaba agarre para no patinar.
De verdad, que no parecía Japón.
El sendero de pronto empezó a dejar de ser terreno llano y hacer desniveles. Y ojo al siguiente vídeo, subid el
audio, porque mientras grababa pensaba: Ya se que melodía le voy a poner
cuando lo publique. ¡Pues no hizo falta! jajaja
Tras pasar por una pequeña cascada, el camino se complica. Toca subida...
Y sortear piedras y trepar, literalmente en mi caso. Pero despacito llegamos
bien.
El bosque en la parte alta... precioso.
Después de llegar arriba sales a unas calles rurales por las que hay que ir bajando, dirección
a la estación, pero eso no nos privó de unas vistas al mar muy bonitas.
Y de pasar al lado de campos de cosmos, ¡preciosos! ¡No sabía que estarían en
flor!
Al llegar a la estación aún teníamos algo de tiempo y decidimos explorar una
estructura enorme de hierro que estaba justo enfrente.
¿Que se suponía que era semejante armatoste? Pues bien, ¡un refugio para
tsunamis! Ponía que aguantaba hasta olas de 9 m... Estaba bien saberlo, porque
la verdad es que muchos más lugares altos alrededor no había.
Tomamos el tren de vuelta a Kochi, y al llegar fuimos a comprar unos pases de bus para el día siguiente (daremos la info en el siguiente post) y algo para
merendar porque la caminata había abierto el hambre.
Y para la merienda, me fijé en un puestecillo que había abierto en el vestíbulo de
la estación (por la mañana, cuando pasamos por ahí, estaba cerrado), lleno de dulces japoneses.
Tenía todo una pinta.... Jordi se pilló un daifuku mochi de mikan (mandarina)
y yo warabimochi (mochi con harina de sésamo tostada) que me encanta, por
1.060 ¥.
Estaba todo muy bueno. Tanto, que yo regresaría al día siguiente. jeje.
Nos acercamos al hotel para poner lavadoras y descansar un poco la pierna
puesto que, tras la caminata, la que tengo secuelas de brote de la EM me
estaba dando un poco por saco, pero nada que no se solucione con calma y un poco de reposo.
De paso, empezamos a mirar las opciones para cenar y Jordi se decidió por ir
a probar las gyozas típicas de la región. ¿Que tienen de especial? Pues que le
echan ajo. Y es que, por lo visto, es un condimento que les encanta en
Kochi.
Buscando en internet, encontré un lugar muy típico de la zona llamado
Yasube.
Tienen varios locales, uno de ellos en el mercado Hirome, pero primero nos
pasamos a ver la ubicación original, de cuando solo eran un Yatai (puesto callejero).
Este local, sigue a la intemperie y había cola. Tiene un aire muy retro, pero
pegaba rasca y, aunque venden ramen, nosotros solos queríamos gyozas, así que no entraríamos en calor con el caldito...
Como sabía que el otro local estaba muy cerca, fuimos a ver y no había cola,
así que ¡p'adentro!
Nos tocó en la barra, justo delante de donde hacen las gyozas. Y había un chico haciéndolas
sin parar junto con un cartel que ponía que, si te gustaban, se lo hicieras saber
para animarle.
Pedimos unas primeras rondas, con y sin ajo, y estaban brutales, sobre todo
las de ajo. Así pues, tocaba hacer dos cosas: Pedir más y decirle al cocinero
que estaban muy buenas (cosa que agradeció con una sonrisa) jeje.
Al final cayeron: 1 ración de edamame (con un aliño muy bueno) y 6 raciones de
gyozas (son de las pequeñas, que llaman "hito kuchi", de un bocado), por
3.500 ¥.
Y con el antojo de gyozas saciado, volvimos al hotel a dormir. Al día
siguiente, exploraríamos algunos lugares históricos de la ciudad y sería
intenso.

















































No hay comentarios:
Publicar un comentario