Este día recorreríamos una parte de la ruta más antigua mencionada en los
registros japoneses (s.VII) que va desde Sakurai a la antigua capital de
Nara.
Una zona llena de historia, en la provincia de Yamato, donde se alzó el Japón antiguo, junto con los santuarios más antiguos de Japón y las tumbas kofun de
algunos de los primeros emperadores.
El acceso es fácil, puesto que discurre paralelo a la línea JR Sakurai, donde
hay varias estaciones que se pueden usar tanto para iniciar como para
finalizar el tramo que escojamos. (Ver mapas de acceso)
El tramo más popular va desde el santuario Omiwa, en la ciudad de Sakurai, hasta
el santuario Isonokami, en la ciudad de Tenri. Unos 11 km aproximadamente.
Sin embargo, nosotros haríamos el tramo desde Omiwa hasta los kofun, cerca de
la estación Yanagimoto. Unos 5,5 km aprox. (Ver mapa con referencias de km)
La idea inicial era madrugar para ver el Hasedera (un templo de la zona, al
parecer muy bonito), antes de ir al punto de inicio que escogimos.
Pero como comenté en la entrada anterior, la fatiga de la esclerosis empezaba
a golpearme duro. Ya llevaba muchos días de viaje y a mi cuerpo le costaban
cada día más las caminatas... Así pues, nos levantamos con calma, sin prisas,
y decidimos dejar el Hasedera para un futuro.
Nos fuimos directos a Miwa, donde se bajaron también una pareja de abuelillos,
dispuestos a emprender también su caminata. Recuerdo que le dije a Jordi: Esos
seremos tu y yo de aquí unos años ^_^
Tras un breve paseo, llegamos a los terrenos del santuario Omiwa, uno de los
santuarios más antiguos de Japón, si no el más antiguo.
Aquí, se venera al propio Monte Miwa, hogar de los Dioses. Y por tanto, no
tiene una sala principal que albergue al kami, la montaña lo hace...
Al ser sagrada, no se puede acceder a ella sin un permiso especial. Y, además,
cumplir varios requisitos (entre ellos: hablar bien japonés o ir con un guía
japonés y tener un móvil con línea japonesa).
Aunque no tiene el salón principal (una costumbre que surgió más tarde) si
tiene una sala de oración.

También alberga varios santuarios pequeños, uno de ellos dedicado al dios de la
medicina.
El lugar es realmente bonito.
En uno de sus extremos iniciamos el camino que, por suerte, resultó ser poco
exigente. La Yamanobe no michi es, mayormente, una caminata bastante en plano,
por tramos de bosque, empedrados y algunas carreteras de pueblos.

Y en muchos puntos nos encontramos los típicos puestecillos con productos de
las huertas a la venta.
El camino está, casi siempre, señalizado en inglés y marcando la dirección de
los diferentes puntos de interés, así como la distancia.
Pero en algún momento, dentro de alguna de las aldeas, nos lo encontramos
señalizado de forma más rústica, en ese caso hay que fijarse en el nombre en
kanji:
Al rato, llegamos al Santuario Hibara. Uno de los santuarios auxiliares del
Omiwa pero de gran importancia, porque es el primer lugar que se consagró a la
diosa Amaterasu y, por tanto, predecesor del santuario Ise. De hecho, se le
conoce como Moto-Ise (Ise original).
En él se exhibe una torii triple, de estilo antiguo y usado en los primeros
santuarios, difícil de encontrar.
Además, tampoco aquí encontramos salón principal, nuevamente, se venera a la
montaña.
Justo enfrente hay una pequeña tiendecita donde se puede parar a comer o tomar
unos dulces caseros. (ver ubicación).
Como habíamos iniciado el día tarde, y aún nos quedaba camino, decidimos hacer
un segundo desayuno, puesto que ya era mediodía.
El lugar lo regenta una mujer súper amable, que se alegra de ver extranjeros
recorriendo la zona. Y nos dio un poco de conversación, interesada en nuestro
viaje.
Jordi se tomó un helado y yo unos yomogi mochis caseros con kinako que estaban
deliciosos y venían, como de costumbre, acompañados con un té verde (1040¥).
Además, me comentó que la artemisa con la que elabora esos mochis la recoge en
la montaña ^_^
Muy contentos con esta pequeña parada de refrigerio, retomamos el camino rumbo
a los kofun, pasando por algunas pequeñas aldeas.
Los kofun son túmulos funerarios, que datan del periodo entre los siglos
III y VI.
Los más famosos son con forma de cerradura, pero originalmente los hubo
circulares y cuadrados. De hecho, aunque los 3 más grandes que vimos en este
sendero eran de cerradura, nos topamos con alguno pequeñito de forma circular. Y es que, esta zona está llena de ellos.
El primero de los tres fue el del Emperador Keiko, el 12º emperador (S.IV). El
más grande de su periodo y de los que vimos (con unos 300m de longitud).
Estos grandes kofun suelen estar rodeados por un foso, para proteger el acceso
al lugar sagrado, donde descansaba el emperador. Y, por tanto, solo se les
puede contemplar en la distancia.
Además, al estar a pie de calle, no se vislumbra la forma de cerradura (que si
se puede ver
en el maps). Lo que se ve es un montículo enorme, con bosque espeso, rodeado de agua y
con una zona donde venerar el lugar sagrado.
Después, nos acercamos al kofun del Emperador Sujin (10º emperador). Donde nos
cruzamos con una pareja de japoneses, que estaban entrenando para realizar el
Camino de Santiago!
Bueno, al menos ella. Él nos dijo que iba de apoyo moral y a comer
jajaja.
Al igual que el anterior, se reconoce por el montículo y el bosque tan tupido
que lo cubre.
Muy cerquita, se encuentra un kofun más pequeño pero interesante: el de
Kurozuka.
No solo puedes subir a él y rodearlo.
También tiene una pequeña sala de exposiciones, donde han replicado la cámara
funeraria y exponen objetos encontrados en ella, puesto que estaba intacto en
el momento de su hallazgo.
El acceso es gratis y tienen información en inglés sobre el periodo de los
kofun, la zona, distribución etc. Muy interesante y, además, nuevamente se
alegran y sorprenden al ver extranjeros interesándose por esa parte de la
historia.
Y con esto finalizamos nuestra ruta imperial y decidimos acercarnos al Sushiro
que había cerca, porque se había hecho tarde para comer.
Al ser cadena, no cerraba así que genial... sushi y descanso (2940¥).
De vuelta en Osaka, nos bajamos en Shin Imamiya, para ir subiendo por Den Den
Town, revisando las diferentes tiendas de figuritas y gachas.
Tal y como recordábamos, la zona más al sur, donde Shin-Imamiya, tiene un
ambiente más decadente que la cercana a Namba.
Tras algunas compras en algún Surugaya, nos metimos en la shotengai en Namba,
llena de gente... y acabamos cenando en el Ichiran ramen.
Esta vez, pasábamos de hacer cola para la zona de asientos independientes y nos
metimos en la cola para mesas normales (puesto que ese local dispone de ellas)
y logramos sitio rápido. A estas alturas no estaba ya para grandes
esperas.
Finalizados nuestros ramen (2480¥), tocaba arrastrarse hasta la cama.
El día siguiente sería más de tranquis, pero nos esperaba un plan que le hacía
mucha ilusión a Jordi.




























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