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13 de agosto de 2026

Visitamos Kotohira y el Zentsūji

En nuestro primer día en la prefectura de Kagawa visitaríamos el que, posiblemente, es el santuario más popular de Shikoku y uno de los más famosos en Japón, por su peregrinaje. 
También iríamos al teatro kabuki más antiguo que se conserva en su totalidad y al lugar de nacimiento de Kukai, fundador de la ruta de peregrinaje Shikoku Henro. 
Un día lleno de historia y tradición en el que no nos olvidaríamos de la gastronomía local. 

Kotohira

Tras desayunar en el apartamento todos juntos, Laura se quedó trabajando y nosotros nos fuimos con Hira a visitar el Konpirasan (o Kotohiragū, nombre oficial), el famoso santuario de la isla de Shikoku que, a lo largo de los siglos, ha recibido peregrinos de todo el país. 

Se encuentra en la localidad de Kotohira (de fácil acceso en tren desde Marugame y Takamatsu), a los pies del monte Zozu. 
La calle de acceso está llena de edificios tradicionales que albergan restaurantes, tiendas, alguna bodega de sake... 

Kotohira
Kotohira

Y al final de la calle, una torii de piedra, al inicio de las escaleras, marca la entrada al recinto del santuario que, como ya se puede adivinar por su ubicación, se hará a través de una buena subida.

Kotohira

De hecho, precisamente por su dura accesibilidad (785 escalones hasta el salón principal y otros 583 más hasta el santuario superior), surge en el periodo Edo la figura del Konpira-inu, "el perro Konpira".
Quienes no podían hacer el peregrinaje, mandaban a sus perros, a quienes les ponían una bolsita con las ofrendas y dinero para la comida. Estos perretes hacían el camino acompañados de los otros peregrinos, quienes cuidaban de ellos. 
Y es por ello que, en este santuario y sus tiendecitas, se encuentran muchas referencias a los Konpira-inu. Sin duda, una figura muy entrañable. 

El primer tramo lo conforman, precisamente, las tiendecitas que venden souvenirs, dulces tradicionales, artesanía... A esas horas aun estaban empezando a abrir, pero más tarde, de bajada, pudimos pararnos a verlas y comprar alguna cosilla. 


La subida está repleta de santuarios secundarios y un bosque precioso, que estaba deslumbrante con los colores otoñales. No nos podíamos creer la suerte que nos seguía acompañando en este viaje. 

Kotohira
Kotohira

Entre los diferentes edificios, destaca el Asashi-sha, que es el más grande de todo el recinto y cuya decoración, tallada en madera, es una maravilla. 

Kotohira
Kotohira

De ahí, la subida no da tregua con los escalones. 

Kotohira

Hasta por fin llegar al Gohon-gu o santuario principal, dedicado a la deidad protectora del mar y que también ofrece bendiciones para la salud y los negocios. 

Kotohira

Nos lo encontramos preparándose para un festival, y había muchas personas limpiando a fondo cada rincón del edificio. Fue muy curioso poder contemplar la dedicación minuciosa a tal proceso. 

Kotohira

Desde aquí arriba hay unas vistas muy bonitas. 

Kotohira

Y antes de iniciar el descenso, aprovechamos para comprar unos omamoris protectores de la familias. Y como no: ¡Eran de los Konpira-inu! Preciosos. 

Kotohira

Desde esta zona, aún se pueden subir otros 583 escalones, para llegar al pequeño santuario interior (Okusha). Pero lo dejamos para otra ocasión, que la subida era ya considerable. 
Decidimos descender poco a poco, disfrutando del paisaje. 

Kotohira
Kotohira

Y, al llegar abajo, paramos a reponer fuerzas en el onsen de pies gratuito, que está antes de empezar el ascenso. 
Ese día hacía un viento y frío intenso, nada normal para esas fechas. 

Kotohira

Entrados en calor, nos fuimos a recoger a Laura para ir a comer. 
Nos llevaron a un restaurante muy chulo, muy lugareño y donde comimos muy bien y barato (ver ubicación). Eso sí, hay que ir en coche. 

marugame

En la región de Kagawa son famosos los fideos Sanuki Udon y se pueden probar en diferentes versiones. Nosotros optamos por una muy típica de la zona: el Bukkake Udon. (Unos segundos de espera, para quienes estén haciendo chascarrillos o riendo por el nombre...). 
Ahora en serio, a diferencia de otras versiones (como el Niku Udon o Kake Udon), aquí los fideos no nadan en una sopa, sino que llevan solo un poco de caldo. 

marugame

En este lugar, agarras una bandeja, pasas por el mostrador y vas pidiendo los platos que quieres (los hay fríos y calientes y ojo que el menú está en japonés), además de los complementos. Nosotros nos pedimos el Niku Bukkake Udon (el de carne) y un langostino en tempura. Estaba delicioso, de verdad, el caldo super bueno. 
Y comimos los dos por 1.650 ¥.

marugame

Tras la comida, regresamos a Kotohira para visitar el Teatro Kanamaruza, el teatro de kabuki más antiguo de Japón que se conserva en su totalidad y en el cual, de vez en cuando, aún se hacen representaciones. 

Kotohira

La entrada cuesta 500 ¥ y te dejan explorar cada rincón del lugar. Me sorprendió que no estuviera lleno de gente visitándolo. ¡Con la de historia que tiene!  

Kotohira

El encargado que estaba en ese momento nos dio algunas explicaciones, en japonés, sobre el funcionamiento del lugar: las escotillas por las que aparecían los personajes, el sistema giratorio del escenario, donde se sentaba la gente según la clase social...

Kotohira
Kotohira

Hasta nos hizo posar para una foto. jeje. 

Kotohira

Después, seguimos explorando por nuestra cuenta (las habitaciones detrás del escenario, el sótano...) y nos íbamos fijando en los detalles que nos comentó. 

Kotohira
Kotohira

Nos fascina poder deambular por estos lugares históricos, imaginando como serían en su época. Para mí, un imprescindible si se pasa por Kotohira. 

Disfrutada la visita, tocaba poner rumbo a la última visita del día, un lugar que le hacía ilusión a Hira sensei y que, sin duda, es de gran importancia histórica en Shikoku. 
Pero, el universo y los GPS a veces te dan sorpresas y acabamos un tanto perdidos no muy lejos del destino. Mientras Hira intentaba reconducir el navegador, de repente Laura suelta un: ¡Eso es un Kofun! 

Arioka Tumulus

¡Y lo era! Un túmulo funerario. Los más famosos son con forma de cerradura, pero originalmente los hubo circulares y cuadrados y datan del periodo entre los siglos III y VI. 
Éste no era muy grande, los llegó a haber enormes, pero nos hizo ilusión encontrarnos con uno sin estar previsto (en este viaje visitaríamos otros más grandes en la zona de Nara, donde hay una gran concentración de ellos). 

Estas tumbas están protegidas y normalmente no se puede entrar en ellas. En algunas, incluso, ni te puedes acercar puesto que las protege un foso y unas vallas. Pero en otras, como ésta, sí que puedes acercarte y subir. 

Arioka Tumulus
Arioka Tumulus

Con este encuentro inesperado y el GPS bien orientado, tomamos rumbo al Zentsuji, el templo número 75 del Shikoku Henro, ruta de peregrinación fundada por Kobo Daishi, un monje muy importante dentro del Budismo japonés y que, precisamente, nació en este lugar en el año 774. 

Zentsuji

Al templo se puede acceder fácilmente en tren, desde Marugame o Kotohira, y la entrada al recinto es gratuita. 

Consta de un recinto amplio, donde destacan el templo principal y una pagoda de cinco pisos y cuyos alcanfores se cree que tienen más de 1300 años y, por tanto, ya estaban allí durante la infancia de Kobo Daishi. Al que, por cierto, le pusieron ese nombre tras su muerte (tradición en el budismo) y fue previamente conocido como Kūkai.

Zentsuji
Zentsuji

Kūkai, quien regresó a Japón desde China, donde fue a formarse, lo construyó a lo largo de seis años, de 807 a 813, inspirándose en el templo Qinglong-ji de la actual Xi'an y fue el primer centro de formación de la secta Shingon.

El edificio principal se levantó en el lugar donde estaba su hogar y alberga un lugar especial: el Kaidan-Meguri. Un pasadizo subterráneo de 100 metros, que se recorre a oscuras y te permite avanzar meditando hasta llegar al centro de una sala, el único lugar tenuemente iluminado, donde estaba ubicada la habitación de la madre de Kūkai y, por tanto, donde nació. Allí uno puede realizar una oración para conectar con el maestro Kobo Daishi. 

Para acceder a él hay que pagar una entrada (700 ¥) que incluye el museo del templo y no está permitido hacer fotos. Recordemos que es un lugar de máxima importancia espiritual para los budistas. 

Zentsuji

Nosotros fuimos directos, porque faltaba poco para el cierre y a Hira sensei le hacía mucha ilusión visitarlo. 
Laura y Hira lo mantuvieron como una sorpresa, sin saber que uno de mis miedos es a la oscuridad (junto con el de las alturas, que ya he revelado en anteriores etapas de este viaje). Pero aún así, cuando me di cuenta de lo que conllevaba, decidí no decirles nada y armarme de valor. 
Era un lugar único, un momento especial que llenaba de emoción a mis amigas y que, por tanto, no quería perderme. 
Me situé detrás de Laura, poniendo una mano en su hombro y otra en la pared (consejo que nos dio el monje para avanzar con seguridad) y dejando a Jordi en la retaguardia, puesto que ni de coña me quedo la última en un túnel completamente oscuro (de verdad que no se veía nada). Y en esa formación avanzamos por el túnel, centrándome en mi respiración. 
Llegar al centro, iluminado, y ver a Hira realizar la oración fue especial. Y así se lo hice saber una vez fuera, cuando les confesé mi miedo y les supo mal. 
Como les dije, ese viaje estaba siendo un viaje de superación y de enfrentarme poco a poco a cosas que me paralizan. ¿Y que mejor que hacerlo en lugares tan llenos de significado? Y más con mis amigas. ^_^

Zentsuji

Después dimos una vuelta rápida por el museo, porque ya cerraban, y vimos el pozo del que salió el agua con el que bañaron por primera vez a Kūkai.

ZentsujiZentsuji

Al salir dimos una pequeña vuelta por el recinto y regresamos al apartamento para descansar un rato y acabar de intercambiar unos regalitos. 

Para la cena fuimos a un sitio curioso, al lado del alojamiento. 
Habíamos pasado por su lado varias veces con el coche, y Jordi había soltado coñas referente al nombre. ¿Y que pasa cuando bromeas con tus amigas? Que de repente te dicen que vas a cenar a un sitio especial y: ¡Tachán! Acabas en el Restaurante Wellington. jaja. 
Fuimos por la coña pero oye, ¡a mí me gustó! Hacen hamburguesas de estilo japonés, un plato que me gusta mucho. Y la verdad es que pillamos mesa de milagro, ya que a otro grupo que entró poco después que nosotros les dijeron que no cogían a nadie más.  

marugame

Y así fue como esa noche nos cenamos estas hamburguesas con demi-glace. ^_^ (2.700 ¥ los dos)  

Y echándonos unas risas, porque fuimos en coche cuando pudimos haber ido andando (todo sea por despistar), regresamos al apartamento y planificamos el día siguiente. 
Nuevamente, con visitas históricas muy interesantes, a las cuales teníamos muchas ganas. ^_^


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