En nuestro primer día en la prefectura de Kagawa visitaríamos el que,
posiblemente, es el santuario más popular de Shikoku y uno de los más famosos
en Japón, por su peregrinaje.
También iríamos al teatro kabuki más antiguo que se conserva en su totalidad y al lugar de nacimiento de Kukai, fundador de la ruta de peregrinaje
Shikoku Henro.
Un día lleno de historia y tradición en el que no nos olvidaríamos de la
gastronomía local.
Tras desayunar en el apartamento todos juntos, Laura se quedó trabajando y nosotros nos fuimos con Hira a visitar el Konpirasan (o Kotohiragū, nombre oficial), el famoso santuario de la isla de Shikoku que, a lo largo de los siglos, ha
recibido peregrinos de todo el país.
Se encuentra en la localidad de Kotohira (de fácil acceso en tren desde
Marugame y Takamatsu), a los pies del monte Zozu.
La calle de acceso está llena de edificios tradicionales que albergan
restaurantes, tiendas, alguna bodega de sake...
Y al final de la calle, una torii de piedra, al inicio de las escaleras, marca
la entrada al recinto del santuario que, como ya se puede adivinar por su
ubicación, se hará a través de una buena subida.
De hecho, precisamente por su dura accesibilidad (785 escalones hasta el salón
principal y otros 583 más hasta el santuario superior), surge en el periodo
Edo la figura del Konpira-inu, "el perro Konpira".
Quienes no podían hacer el peregrinaje, mandaban a sus perros, a quienes les
ponían una bolsita con las ofrendas y dinero para la comida. Estos perretes
hacían el camino acompañados de los otros peregrinos, quienes cuidaban de
ellos.
Y es por ello que, en este santuario y sus tiendecitas, se encuentran muchas
referencias a los Konpira-inu. Sin duda, una figura muy entrañable.
El primer tramo lo conforman, precisamente, las tiendecitas que venden
souvenirs, dulces tradicionales, artesanía... A esas horas aun estaban empezando a
abrir, pero más tarde, de bajada, pudimos pararnos a verlas y comprar alguna
cosilla.
La subida está repleta de santuarios secundarios y un bosque precioso, que
estaba deslumbrante con los colores otoñales. No nos podíamos creer la suerte
que nos seguía acompañando en este viaje.
Entre los diferentes edificios, destaca el Asashi-sha, que es el más grande de
todo el recinto y cuya decoración, tallada en madera, es una maravilla.
De ahí, la subida no da tregua con los escalones.
Hasta por fin llegar al Gohon-gu o santuario principal, dedicado a la deidad
protectora del mar y que también ofrece bendiciones para la salud y los
negocios.
Nos lo encontramos preparándose para un festival, y había muchas personas
limpiando a fondo cada rincón del edificio. Fue muy curioso poder contemplar la
dedicación minuciosa a tal proceso.
Desde aquí arriba hay unas vistas muy bonitas.
Y antes de iniciar el descenso, aprovechamos para comprar unos omamoris protectores de la familias. Y como no: ¡Eran de los Konpira-inu! Preciosos.
Desde esta zona, aún se pueden subir otros 583 escalones, para llegar al
pequeño santuario interior (Okusha). Pero lo dejamos para otra ocasión, que la
subida era ya considerable.
Decidimos descender poco a poco, disfrutando del paisaje.
Y, al llegar abajo, paramos a reponer fuerzas en el onsen de pies gratuito, que está antes de
empezar el ascenso.
Ese día hacía un viento y frío intenso, nada normal para esas fechas.
Entrados en calor, nos fuimos a recoger a Laura para ir a comer.
Nos llevaron a un restaurante muy chulo, muy lugareño y donde comimos muy bien
y barato (ver ubicación). Eso sí, hay que ir en coche.
En la región de Kagawa son famosos los fideos Sanuki Udon y se pueden probar
en diferentes versiones. Nosotros optamos por una muy típica de la zona: el
Bukkake Udon. (Unos segundos de espera, para quienes estén haciendo
chascarrillos o riendo por el nombre...).
Ahora en serio, a diferencia de otras versiones (como el Niku Udon o Kake Udon), aquí los fideos no nadan en una sopa, sino que llevan solo un poco de
caldo.
En este lugar, agarras una bandeja, pasas por el mostrador y vas pidiendo los platos que quieres (los
hay fríos y calientes y ojo que el menú está en japonés), además de los complementos.
Nosotros nos pedimos el Niku Bukkake Udon (el de carne) y un langostino en
tempura. Estaba delicioso, de verdad, el caldo super bueno.
Y comimos los dos por 1.650 ¥.
Tras la comida, regresamos a Kotohira para visitar el Teatro Kanamaruza, el
teatro de kabuki más antiguo de Japón que se conserva en su totalidad y en
el cual, de vez en cuando, aún se hacen representaciones.
La entrada cuesta 500 ¥ y te dejan explorar cada rincón del lugar. Me
sorprendió que no estuviera lleno de gente visitándolo. ¡Con la de historia
que tiene!
El encargado que estaba en ese momento nos dio algunas explicaciones, en
japonés, sobre el funcionamiento del lugar: las escotillas por las que
aparecían los personajes, el sistema giratorio del escenario, donde se sentaba
la gente según la clase social...
Hasta nos hizo posar para una foto. jeje.
Después, seguimos explorando por nuestra cuenta (las habitaciones detrás del escenario, el
sótano...) y nos íbamos fijando en los detalles que nos comentó.
Nos fascina poder deambular por estos lugares históricos, imaginando como
serían en su época. Para mí, un imprescindible si se pasa por Kotohira.
Disfrutada la visita, tocaba poner rumbo a la última visita del día, un lugar
que le hacía ilusión a Hira sensei y que, sin duda, es de gran importancia
histórica en Shikoku.
Pero, el universo y los GPS a veces te dan sorpresas y acabamos un tanto
perdidos no muy lejos del destino. Mientras Hira intentaba reconducir el navegador, de
repente Laura suelta un: ¡Eso es un Kofun!
¡Y lo era! Un túmulo funerario. Los más famosos son con forma de cerradura, pero
originalmente los hubo circulares y cuadrados y datan del periodo entre los
siglos III y VI.
Éste no era muy grande, los llegó a haber enormes, pero nos hizo ilusión
encontrarnos con uno sin estar previsto (en este viaje visitaríamos otros más
grandes en la zona de Nara, donde hay una gran concentración de ellos).
Estas tumbas están protegidas y normalmente no se puede entrar en ellas. En
algunas, incluso, ni te puedes acercar puesto que las protege un foso y unas
vallas. Pero en otras, como ésta, sí que puedes acercarte y subir.
Con este encuentro inesperado y el GPS bien orientado, tomamos rumbo al
Zentsuji, el templo número 75 del Shikoku Henro, ruta de peregrinación fundada
por Kobo Daishi, un monje muy importante dentro del Budismo japonés y que,
precisamente, nació en este lugar en el año 774.
Al templo se puede acceder fácilmente en tren, desde Marugame o Kotohira, y la
entrada al recinto es gratuita.
Consta de un recinto amplio, donde destacan el templo principal y una pagoda de cinco
pisos y cuyos alcanfores se cree que tienen más de 1300 años y, por tanto, ya
estaban allí durante la infancia de Kobo Daishi. Al que, por cierto, le pusieron ese nombre tras su muerte (tradición en el
budismo) y fue previamente conocido como Kūkai.
Kūkai, quien regresó a Japón desde China, donde fue a formarse, lo construyó a
lo largo de seis años, de 807 a 813, inspirándose en el templo Qinglong-ji de la actual Xi'an y fue el primer centro de formación de la secta Shingon.
El edificio principal se levantó en el lugar donde estaba su hogar y alberga
un lugar especial: el Kaidan-Meguri. Un pasadizo subterráneo de 100 metros, que se recorre a oscuras y te permite
avanzar meditando hasta llegar al centro de una sala, el único lugar tenuemente iluminado,
donde estaba ubicada la habitación de la madre de Kūkai y, por tanto, donde
nació. Allí uno puede realizar una oración para conectar con el maestro Kobo
Daishi.
Para acceder a él hay que pagar una entrada (700 ¥) que incluye el museo del
templo y no está permitido hacer fotos. Recordemos que es un lugar de máxima
importancia espiritual para los budistas.
Nosotros fuimos directos, porque faltaba poco para el cierre y a Hira sensei
le hacía mucha ilusión visitarlo.
Laura y Hira lo mantuvieron como una sorpresa, sin saber que uno de mis miedos es a la
oscuridad (junto con el de las alturas, que ya he revelado en anteriores
etapas de este viaje). Pero aún así, cuando me di cuenta de lo que
conllevaba, decidí no decirles nada y armarme de valor.
Era un lugar único, un momento especial que llenaba de emoción a mis amigas y
que, por tanto, no quería perderme.
Me situé detrás de Laura, poniendo una mano en su hombro y otra en la pared
(consejo que nos dio el monje para avanzar con seguridad) y dejando a Jordi en
la retaguardia, puesto que ni de coña me quedo la última en un túnel
completamente oscuro (de verdad que no se veía nada). Y en esa formación
avanzamos por el túnel, centrándome en mi respiración.
Llegar al centro, iluminado, y ver a Hira realizar la oración fue especial. Y
así se lo hice saber una vez fuera, cuando les confesé mi miedo y les supo
mal.
Como les dije, ese viaje estaba siendo un viaje de superación y de enfrentarme
poco a poco a cosas que me paralizan. ¿Y que mejor que hacerlo en lugares tan
llenos de significado? Y más con mis amigas. ^_^
Después dimos una vuelta rápida por el museo, porque ya cerraban, y vimos el
pozo del que salió el agua con el que bañaron por primera vez a Kūkai.
Al salir dimos una pequeña vuelta por el recinto y regresamos al apartamento para descansar un rato y acabar de intercambiar unos regalitos.
Para la cena fuimos a un sitio curioso, al lado del alojamiento.
Habíamos pasado por su lado varias veces con el coche, y Jordi había soltado coñas
referente al nombre. ¿Y que pasa cuando bromeas con tus amigas? Que de repente
te dicen que vas a cenar a un sitio especial y: ¡Tachán! Acabas en el
Restaurante Wellington. jaja.
Fuimos por la coña pero oye, ¡a mí me gustó! Hacen hamburguesas de estilo
japonés, un plato que me gusta mucho. Y la verdad es que pillamos mesa de
milagro, ya que a otro grupo que entró poco después que nosotros les dijeron que no cogían a nadie más.
Y así fue como esa noche nos cenamos estas hamburguesas con demi-glace. ^_^
(2.700 ¥ los dos)
Y echándonos unas risas, porque fuimos en coche cuando pudimos haber ido
andando (todo sea por despistar), regresamos al apartamento y planificamos el
día siguiente.
Nuevamente, con visitas históricas muy interesantes, a las cuales teníamos
muchas ganas. ^_^





































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